Sin plata para el telo

Cuando tienes que arrancar el mes con un presupuesto limitado, nunca vas a separar plata exclusivamente para salir de juerga, ni para sus actividades derivadas. En primer lugar porque uno se siente culpable de hacerlo (“¿cómo voy a presupuestar plata para trago si hace dos meses que le debo esas cien lucas a Juanca?”) y en segundo lugar porque uno nunca sabe –ni con mediana certeza- cuánto necesitas en realidad presupuestar. Hay meses de sequía en los que ninguna flaca en el tono te atraca una segunda chela –con la condición implícita de quedarse contigo– y otros en los que tienes que bajar la situación a dos manos. Ni los chinitos del Cirque du Solei la barajan así. Tú ya sabes, galanazo.

Ahora, eso de no presupuestar plata pasa factura. Y más temprano que tarde. Hace no mucho mis amigos y yo decidimos organizar una de esas noches de solteros en las que la consigna es campeonar sí o sí. Local elegido: una discoteca en la Av. Petit Thouars, a la altura de Lince. Algunos ya habíamos tenido suerte ahí, así que el sitio estaba con buenas vibras. Luego de tentar suerte (y chelas) en falso tres o cuatro veces, una picó. Tal vez no era la muchacha más linda de la cuadra, pero, como diría un gran amigo “por peores he pasado”. Y aparte se notaba muy dispuesta a la situación.

Dos rones y una chela más tarde, estábamos en el taxi camino a un telo en Miraflores frente a la Vía Expresa, uno con nombre de océano. Uno de mis favoritos en el delicado equilibrio de calidad y precio. Sin embargo, al segundo ron yo ya había notado, con precisión contable, que con las justas me iba a alcanzar para el taxi al telo y luego de vuelta a mi casa. Entonces, caballeroso yo, al momento de pagar la carrera le dije a la flaca que no se preocupara (nunca hizo un ademán de preocuparse tampoco, pero vale igual), que la pagaba yo. Incluso le dejé dos lucas de propina al taxista… como bueno.

Pero al llegar a recepción, hice la del libreto. “Flaquita, pucha, no me di cuenta y estoy en cero balas. Pensé que tenía un billete de cien pero era de diez [como Quiñones y Basadre son bien parecidos]. Le di lo último que tenía al taxista. ¿Crees que la puedes cubrir tú?” Con esas me corrí el riesgo de que me diga que ella tampoco tenía y fue, pero me jugué la carta de que si eliges un lugar de precio razonable y la flaca ya está embalada, no le iba a importar pagar ante tal involuntario descuido ¿qué creen que pasó? ¿Has hecho alguna parecida? Es que al final, todos algunas vez, nos encontramos sin plata para el telo.

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