No hay edad para el amor

Dicen que lo último que se pierde es la esperanza, que el tiempo nos dota de experiencia, a veces son como súper poderes. Siempre sigo las reglas, evito romperlas.
Un día conozco una chica, una bella chica, a lo lejos sé que es una niña. Calculo su edad, albores de comienzos de adultez, pero me equivoco, apenas está por terminar el colegio, físicamente es una mujer completa. Me gustaría saber más de ella, sé que esto un pecado, pero algo me dice que hablar y ser agradable no lastima a nadie. Sigo este viejo instinto y logro entablar una comunicación. Me es un poco difícil, ella es tímida y esquiva, intento no asustarla. Sólo intento dejarla saber que podríamos llegar a ser amigos y que quiera saber más de mí.
El tiempo pasa y sé que la tendré algún día. Ella crece, conoce gente, amigos, tiene enamorados. Debe crecer, madurar y eso a veces toma años.
Pasa el tiempo, nos cruzamos una que otra vez, intento saber qué más puede pasar en esos instantes, sé que esta niña debe dejar de serlo para que pueda verme con otros ojos, lo sé.
La vida es extraña, cuando piensas que las cosas no están saliendo bien, que la vida es aburrida y que todo es monótono, recibes una llamada… ¡Oh, sorpresa! Es ella, la reconozco, me saluda, conversamos por unos minutos. Me dice que le gustaría verme, yo me siento halagado, le digo que también me gustaría verla. Sé que esta vez tendría un buen final y sé que el tiempo marca distancias o, a veces, las acorta. Nos vemos a las cinco, me dice. Está bien, respondo.
No asisto al encuentro pactado. Curiosamente ella tampoco asiste. ¿Cómo lo sé? Me llama disculpándose. Me hago la víctima y digo será para otro día. Este tipo de llamadas se repitieron en tres ocasiones más, pero yo dejé de estar ausente. A este encuentro sólo llegábamos yo y mi soledad.
Si bien es cierto, las cosas siempre cambian, hay cosas que se mantienen vivas a pesar del tiempo. Tienes presente ese sentimiento de querer y esperar por algo que no sabes si llegará. Hoy ella volvió a llamar, habían pasado meses sin saber de ella, no recuerdo la última vez que le dije para vernos. Después de todo, dejé de decir esas cosas, no las mencionaba, sabía que era sabio sólo escuchar. Todo caería por su propio peso, pero esta llamada era precisa. Literalmente, ella dijo, “¿podemos vernos?” “¡Sí, claro!”, digo en mi mente, pero también sé que no iré a ningún lado. “Ok, te espero“, digo. “Perfecto, llego en una hora, nos vemos, besitos”.
Una hora más tarde de lo acordado toca el timbre, llega tarde, pero esta acá, vino. No puedo creerlo, la veo  después de mucho, sigue igual de linda que cuando la conocí. Interrumpe justo cuando estaba haciendo mi rutina de ejercicios, se había demorado y ante su inminente ausencia quise aprovechar el día, pero estaba aquí.
- Hola, entra, ponte cómoda. Acabo de terminar mi rutina – miento – me doy una ducha y vuelvo. ¿Me esperas? – me invade un terrible temor ante la posibilidad que se escape una vez más.
- Claro, voy a ver la tele mientras espero. No te preocupes – dice sonriendo, hermosa.
Quiero que se familiarice con mi entorno y entre en confianza. Quiero que todo pase como debe pasar, sin forzar nada. Aunque sí puedo darle un toque de sabor a la situación, creando un buen ambiente, una buena conversa, que se sienta segura. Si logras hacer sentir segura a una mujer has hecho un 90% de la tarea, el otro 10 % es ser atrevido. Eso les gusta.
Me ducho lo más rápido posible y me visto en segundos. Necesito mostrar algo de seducción, eso también importa, así que elijo una camisa ceñida al cuerpo que me hace ver bien, seguro a ella también le gustará. Me acerco a ella y la vuelvo a saludar con un beso, me recuesto a su lado y puedo sentir su nerviosismo.
El primer paso es tocar sus manos, siempre funciona, de verdad espero que funcione. Sus manos son suaves, sus dedos largos me gustan;  es tímida todavía, acaricio sus  dedos y sé que lo disfruta tanto como  yo. Poco a poco la timidez pasa a otro plano y  siento que sus dedos me devuelven caricias. Se recuesta a mi lado lo suficiente como para avanzar un poco más y abrazarla, dejo que sus manos acaricien mis brazos, siento que le agrada. Mis manos se hacen amigas de sus mejillas, y no paran de sentir la tibieza de su piel, de su cabello. Siento que debo besarla.
Sé que el beso es inminente, sé que su labios mueren por los míos, que no se negara  a probar de mi boca, esa ilusión que llevamos guardada hoy se harán realidad.
Son los labios más suaves que he probado, siento calor virginal de una chica que apenas quiere pisar la adultez, una niña mujer. Valió la pena cada día que esperé para poder saborear y disfrutar de su piel y sus caricias, esos besos tan calientes descubren la lengua más insaciable y excitante que pueda haber probado. Mis manos juegan con su cintura y terminan perdiéndose en sus caderas, caderas que sólo deseo estrujar. ¡Dios! – pienso – si todo eso se sintió en un primer beso, ¿qué viene después?… esta niña me va a volver loco.
Mientras mi lengua repasa la suya, las cosas no podían ser mejor. ¿Quién entrenó a esta mujer? Ni idea. Quien haya sido, le agradezco todo lo que le enseñó. Definitivamente  me hace feliz y sé que hay más cosas por descubrir… juntos.
- ¿Qué hora es? – pregunta en el ardor de los besos.
- ¡No sé! –  apenas puedo pensar, todavía no me recompongo, miro el celular. – Van a ser las nueve – digo.
- Me tengo que ir – dice fríamente.
- ¿Qué? ¿Te vas? – no puedo creerlo.
- Sí, no puedo llegar tarde a mi casa – responde y recuerdo lo joven que es.
- Está bien – digo resignado.
Hace mucho que no me sentía así, recuerdo haberme burlado de los que hablan de tener mariposas en el estómago, pero ahora yo las estaba padeciendo. Sé que ella también las siente, eso hace más agradable esta magia. Compruebo que no hay edad para el amor.
Camino de la mano con ella, se me  cuelga del hombro, juguetona, mía.  Sonríe y me dice que le gustan mis besos, me sonrojo. Estoy seguro que ella apareció un día en mi vida sabiendo que estas cosas sucederían, como si  hubiera elegido ser y estar en esta historia de antemano. Casi presiento que ella escribe un guión antes de interpretarlo.
Mientras la beso le hago prometer que nos veremos de nuevo. Entre besos y suspiros , escucho al oído: “Te lo prometo”.

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Esta historia llegó gracias a Lencería Luna Nueva.

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