Magia

¿Sabes cómo conocí a Maribel? Fue en una fiesta, en mi fiesta de graduación del colegio. Ella fue con el gordo Salinas, y mi pareja, la chata Fiorella, me plantó tres días antes de la fiesta para ir con un tablista colorado. Y así fue que en la fiesta más importante de mi vida, me encontré sólo caminando alrededor de las mesas, cuando Maribel se me acercó y me invitó a sentarme a su lado, junto un alcoholizado gordo Salinas, a quien no parecía importarle que la chiquilla me cogiera de la cintura y me hablara al oído contándome sobre su vida, y es que o no le importaba compartir a su pareja conmigo o tal vez sólo prefería concentrarse en no vomitar sobre su finísimo terno nuevo.

Y nos enamoramos en esa fiesta, y salimos, y fuimos novios al poco tiempo. A mi madre no le gustaba mucho Maribel, sobre todo cuando le conté cómo nos conocimos, no le gustaba que ella haya tomado la iniciativa habiendo ya tenido acompañante a aquella fiesta, no le gustaba que en todas las fiestas a las que acudíamos ella concluyera la jornada con una soberana borrachera, y es que mi madre se enteraba de todo porque yo se lo contaba, porque ella es mi mejor amiga, porque yo amo a mi mami.

Pero Maribel era la mujer de mi vida, tenía una sonrisa eléctrica difícil de resistir, tenía unos ojos marrones que combinaban tan lindo con su pelo castaño, tenía una piel tan lozana y una voz de niña buena que hacía un contraste tan provocador con sus párpados delineados de negro siempre, que terminé por volverme loco por ella, y jurarle amor eterno y sentirme dichoso por ser correspondido.

Y así pasó algo más de un año, Maribel cumplió la mayoría de edad casi al mismo tiempo que yo. Y a pesar de que mis amigos me decían que ella les coqueteaba cada vez que yo me volteaba o me iba al baño o a comprarle una gaseosa, a pesar de que me decían que a mis espaldas ella les rozaba la mano cariñosamente, yo siempre supe que era envidia. Envidia pura y venenosa por no tener ellos la dicha de tener a su lado a la chica más bonita del mundo, a la mejor enamorada, a la que me preparaba postres todas las semanas, con la que me acurrucaba cada vez que teníamos frio y a la que no se dejaba ni tocar los muslos porque era virgen. Así es, yo iba a ser el primero en probarla, y es que era mi derecho y no cabía en mí mismo toda la dicha que eso me causaba.

Y así, después de la fiesta de cumpleaños de Matallana, nos fuimos en mi carro a las tres de la madrugada surcando lentamente la avenida Aviación. Ella me había dicho desde muy temprano que esta sería la noche en la que ella me iba a entregar su virginidad. Y a pesar de una leve borrachera que delataba su aliento, puedo jurar que no hubo para mí momento más romántico en mi vida. En la madrugada, manejando lentito por la avenida buscando mi primer hotel, nuestro primer hotel. Mágico.

Tuvimos una faena mediocre, la ira me hizo embestirla debajo de las sábanas de mala gana y violentamente, mientras yo mismo lloraba, y fue todo por culpa del contraste. Unos segundos antes mi novia impoluta me había ofrecido entregarme su inocencia, y al llegar al hotel, con la sinceridad que sólo puede emanar de la distraída boca de una persona ebria , me dijo “Este hotel es buenazo, aunque no vengo hace como dos meses”.

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Comentarios (3)

  1. Así es broder, uno cree que la está haciendo linda pero nada que ver, hay flacas que se las saben todas, no hay que confiarse

  2. ASu, me recuerda a mi ex! me decían que era tremenda movidaza y yo no me di cuenta hasta despues de haber terminado, que buena historia!

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