Pero con H la segunda

Cuando vi Hilthon en el anuncio del periódico, dije esta es la mía. La oportunidad para el buen Luchito, joven emprendedor, San Juan Luriganchino de nacimiento y de domicilio, secundaria completa, buena presencia y amante de las pichangas domingueras. Me di un salto a la cabina, imprimí dos copias de mi CV, me puse el terno, la corbata, bien bañado y listo para destruirla en la entrevista. Luchito, digo Lucho Santos, digo Luis Santos:

“Quisiera tener la oportunidad de formar parte de su activa empresa desempeñando satisfactoriamente las labores encomendadas a mi persona, obteniendo el reconocimiento de mis superiores, tengo confianza en mi propia habilidad para hacer frente a desafíos y de alcanzar metas propuestas con visión clara y especifica.”

De memoria sin dudar, no hay pierde. Sorpresa la mía en que Hilthon es sin H la segunda, Hilton no está contratando, y en vez de tomarme el ómnibus morado por una hora treinta cada día, solo tengo que caminar 12 cuadras desde mi casa para llegar él.

Mi Hilthon es un hotel de parejas. No se equivoquen, no me quejo y más bien me siento orgulloso de pertenecer al rubro de la diversión-hospedaje-pasatiempo-intimidad limeña y lo demuestro con los 8 años en que ya estoy acá. Y donde pasé de asistente de limpieza a ejecutivo de limpieza, recepción, delivery y valet parking. Aquí en mi turno, el que manda soy yo. El jacuzzi no prende, Luchito; difícil cuadrar tu carro en el estacionamiento de 2×2, Luchito; se acabó el jabón, Luchito; ¿un chifita?, Luchito te lo trae. Para eso estamos porque un telo son 24 horas de servicio, con gente que llega y casi con las mismas se va.

Desde pequeño mi mamá me dijo: Luchito, lo que hagas hazlo bien y sonriente. Y así me lo recuerda cada día cuando salgo a las 6pm para cumplir mi turno de 12 horas. Preparo el pack de madrugada, una revista, a veces un crucigrama y el termo de café. Pero ¿a quién engaño?, pocas veces abro la revista y alguna vez creo que empecé el crucigrama. A partir de las 8pm empieza la jarana y si es sábado aún peor. Parece que se turnan, siempre hay alguien llegando y nunca hay dos huéspedes iguales, siempre algo diferente. Yo ya los conozco pero me hago el desentendido, igual ellos nunca saben mi nombre: soy choche, broder, compare, chato, chino, causa y, en contadas ocasiones, señor. Algunos son amables y otros bien faltosos, solo me queda respirar profundo y sonreír.

Yo me adapto nomás, al final del día mi tarea es mantener contento al huésped, rico o pobre, el que regatea y el que pide la presidencial, el que viene con la enamorada o con la amiga, al profesional bancario o al estudiante de instituto, todos por igual buscan un espacio de intimidad y en el Hilthon, con H la segunda, para eso estamos.

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Comentarios (2)

  1. Siempre tienes que hacerte pata de la gente que atiende en el telo, uno nunca sabe lo que puedes necesitar. Un día fui con una amiga, pedimos cosas de comer y tomar y cuando iba a pagar no tenía plata, en algún momento se me cayó un billete de 100 lucas que tenía. Miré al pata a los ojos y como ya me conocía se hizo un toque el loco. Igual no le podía pedir a mi amiga que ponga, mucho roche. Ya de ahí regresé al otro día y le pagué.

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