Historias de Habitacion

¿Qué historias se esconden detrás de los hostales en Lima? Hostales son (o tal vez ya fueron) parte de la vida de muchos de nosotros: el lugar de encuentro privado con tu pareja, escenario de alguna aventura con aquel acompañante ocasional o el lugar donde descubriste a aquella persona especial con la que después te casaste. Los hostales son aquellos cómplices silenciosos que nos mantienen alejados de las miradas indiscretas. Acá te contamos algunas de las historias que ellos guardan…

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End of my exchange program

Ok, so for those of you that don’t remember, I got kicked out of my host house after bringing Flavia, the most beautiful girl I had ever seen, back home and my host mom walked in on us a bit over a week ago. Since then I have been staying at the Flying Dog hostel where I started out in the bottom bunk of a 6 person dorm but soon after had to move to a 12 person dorm. Ricardo, the huge Brazilian on the top bunk, snores and gyrates like you cannot believe and along with the daily parties the hostel organizes I missed three straight days of my language exchange program. My parents got notified and needless to say they were pissed. They refused to pay another penny and to be honest I didn’t like it that much anyways. At this point I guess I will just stay in Lima until the money I saved up runs out. I did not go out at all last weekend to save some money and just spent a lot of time on the balcony searching for the meaning of life at the bottom of a bottle of Pisco… Hopefully some of you guys can help me out by responding to my forum post regarding fun activities in  Lima that are free or do not cost that much. Sorry for the lame post but I am a little down after such a great start to my Peruvian adventure but going from Flavia to Ricardo has been hard to deal with. Hopefully something more exciting and upbeat next time!

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10 pistas para saber si caíste en el Friendzone

Cansado de ver a tanto compañero desterrado en esa zona gris y ventosa de amigo/no enamorado/lorna también llamada “Friendzone” (Traducción: zona de la amistad), me animé a escribir esta guía práctica para saber si tú, amigo que te mueres por esa chica, ha caído en esa zona:

1. De pronto dejas de llamarte Javier para convertirte en su “amigo Javier”. ¿Por qué resaltar ese título? Tú no la llamas mi amiga Sandra o Srta. Santa o Dra. Sandra. Pero tú si eres el “amigo Javier”, “a m i g o”. Te presenta a todos lados como su amigo. Valen también las variaciones amiguis o amix.
2. Dos de cada tres conversaciones son acerca de chicos que le gustan y, lo peor, es que te pide tu opinión sobre ellos. Que si Enrique te parece buena gente, que si Antonio es atento, te has convertido en parte del jurado del nuevo programa Dr. Corazón. Tu tarea es evaluar candidatos y conseguirle el mejor. Y tú, claro, todo pavo das tu opinión, dándotelas de sabio, en asuntos que ni siquiera para ti podrías opinar.
3. “Eres como mi hermano”. “Y siempre lo serás”. No hay nada más claro, “Ay Javiercito, ja ja ja, eres mi mejor amigo, como mi hermano” Que retumben esas palabras y para ponerle la cereza al helado “siempre lo serás”, “siempre”, “siempre”. Ya fuiste broder, si es no te hace dar cuenta que has sido friendzoneado mal, no hay de otra.
4. Te cuenta todos los detalles de su vida, hasta cuando se corta las uñas. Claro, a ti te encanta pasar horas en el teléfono o intercambiando mensajes. La norma: chica que gilea trata de mostrarse en sus momentos atractivos. Una fotito sexy vistiéndose para salir, otra sexy más reveladora en la piscina, toneando con las amigas. A lo más que llegas tu es a la de pijama y pantuflas, cara de muerta y con el título “Me dio la AH1N1”. No tiene reparos en contarte los episodios más aburridos de su vida.
5. Sale con otros patas y te lo cuenta sin roche. Para colmo ¡los elegiste tú! ¡monse! Te cuenta que el pata X se la quiso chapar en la primera cita o que a este otro le da otra oportunidad. Tú como lorna escuchando ahí, listo para saltarle encima pero no, dando tu opinión, reprochándole. Todo se cierra con un abrazo y el clásico “Tú si eres un buen amix” (sí, amix)
6. Te abraza, te besa y deja que la toques como si nada, el único emocionado eres tú. Esa es la prueba de fuego, si la flaca te puso en la zona del amigo, ha perdido todo interés de índole sexual por ti, no eres más que un inofensivo maniquí. ¿Al pata de su universidad que le gusta? Con las justas hola, se siente vulnerable y asediada ¿contigo? Hasta se puede desvestir delante de ti como si nada, como sabe que puedes ver y no tocar, si solo son amigos.
7. Te invita para todo, menos para tonear. La acompañas a comprar ropa, la acompañas a matricularse en la universidad, le ayudas con los trabajos. ¿Planes para el sábado en la noche? Según ella, está cansada y se queda en su casa. Primera foto en Facebook del domingo, ella juergueándose maleado con sus otros amigos y en actitudes algo sospechosas con un broder X. ¿Qué fue? Según ella, planes de último minuto. Igual ni le importa caletearla, no tiene por qué hacerlo.
8. Eres más amigo de su mamá que de ella, te invitan al lonche y al cumpleaños del abuelo, fácil hasta tienen una foto tuya en la sala. Te convertiste en el acompañante ideal para las actividades familiares, si ya llevas 5 años haciendo lo mismo. Total, tú no te aburres, vas a todo. Hasta a la cita del médico de la abuela has ido. Siempre tan servicial, seguro que hasta la misma abuelita piensa “tremendo friendzone que le han metido”
9. Eres el único pavo que le da like a sus post de Facebook 3 minutos después que los publica. Frente al clásico comentario “No soy bonita” contestas con emoticones de corazones y con más azúcar que Celia Cruz. Si estás dentro de los 5 primeros que comenta en sus post con “amiga, qué linda que eres” la probabilidad de que estés en el friendzone son del 95%, si añades un corazón y un jijiji, son del 100%. Lo más probable es que te conteste, “Ay Marquito, tu siempre tan atento”. La verdad es que tu siempre tan baboso. Ya sigue tu camino ¿esperando qué? ¿qué un día se levante y diga: hoy sí me lo voy a agarrar? Si lo quisiese hacer, ya lo habría hecho. La madre naturaleza es sabia y hubiese puesto esas hormonas a trabajar.
10. Te busca flaca todo el día. Así de simple. ¿Por qué no sales con la china? ¿Patty sería ideal para ti? Te quiere dar una manito, que sabe no vas a tomar, para que encuentres flaca. Pero tú nada, terco detrás de ese hueso, como perro de chacra. Solo atinas a sonreír y buscar una excusa.

Estar en el friendzone es malo y no saber cómo salir, es peor. La única solución comprobada es seguir tu camino, esperar a que te tiren una galletita para correr detrás de ella, no va a funcionar, nunca lo ha hecho. Búscate otra que te quiera como hombre no como “amiguis”. Porque para “amiguis” se puede buscar a otro.

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10 cosas que las mujeres no entienden de los hombres

Leí el post de Nati (http://bit.ly/13y38CN) y no pude más que indignarme ante tanta incomprensión. Acá expongo los 10 puntos que las mujeres no entienden de los hombres

1. La mirada “caleta” a otras mujeres. El hombre tiene una natural curiosidad por lo que le rodea y sí, eso incluye a las mujeres de su entorno. No sé cuál es el problema, es una mirada inocente para apreciar la belleza femenina. No significa nada mientras se mire y no se toque. No me vengas con que las mujeres no lo hacen.
2. El que no te llame. Será por ese sexto sentido femenino que hace que me llames justo cuando estoy por llamarte, no es mi culpa. Y sí estaba en reunión ¿qué puedo hacer? Tengo que trabajar. Además, cuando te llamo y nos pasamos 5 minutos entre quien cuelga primero y quien ama más a quien, parece más una competencia de resistencia que otra cosa.
3. El que no quiera escuchar un consejo. Regla Nº1: déjame en paz cuando manejo. Ya sé que la luz cambió a rojo, ya sé que por acá es en contra, ya sé que hay policía. ¡Por favor déjame manejar tranquilo! Si me pierdo necesito encontrar el camino por mi cuenta, para aprender para la próxima. Y no me eches la culpa de que llegamos tarde porque di un mal giro, si salimos media hora tarde porque no terminabas de maquillarte.
4. Gases y otras emisiones. Jajaja, claro, mi sistema digestivo es un problema pero cuando encuentro en el baño tampones, toallas con alitas, sin alitas, con mega alitas, cremas de nombres sugerentes, máquinas de afeitar, ceras con pelo, ahí no hay problema. Déjame ser porque yo te dejo ser.
5. Que no te hagas caso cuando me hablas. Sí te escucho pero hablas ya demasiado y pierdo la concentración. Si tengo un smartphone es para mantenerme al tanto de lo que pasa en la oficina y con los amigos. Vamos a implementar la reglas del minuto: en el primer minuto de la conversación me tienes que decir qué pasa y qué necesitas, sino bye! Me perdiste, ese nuevo post de Gokú en Facebook no se va a dar “like” solo.
6. Las mentiras piadosas. Si tengo que modificar la verdad de cierta manera es porque tú me obligas, si ya cuando te digo “Amor, tal vez vamos a tomar un trago con mis amigos del cole que no veo hace tiempo” me pones una cara. Después de estar todo el día juntos, de pronto ya no pasamos tiempo juntos, casi ni nos vemos, etc. etc. etc. Mejor nos ahorramos problemas, igual siempre te terminas enterando (no sé como).
7. El desorden extremo. Con mi carro no te metas, me costó tenerlo y hay que cuidarlo porque sino pierde el valor de reventa. Tal vez tengo algo de desorden con mi ropa, puede ser, pero igual tú tienes una maraña de cosas en tus cosméticos y, Dios me guarde, de que me pidas algo de tu cartera, si tengo los 5 dedos de regreso, me doy por bien servido.
8. Cuando cambias de actitud frente a tus amigos. ¿Acaso mis amigos me hacen renegar? Rafo, Coco, el Abuelo siempre están ahí, son mis amigos de la vida. Tú que me paras llamando la atención, que esto o aquello ¿ya qué me queda?
9. La clásica pregunta del peso. De esa no hay salida, es morir o morir ¿no quieres hablar del tema? Entonces no me preguntes si has bajado (¿o subido?), no me preguntes cómo se ve otra chica, si un vestido te hace ver gorda, si le pones mayonesa a tus papas, si compras coca cola diet o el reduce fat fast que venden en la tele. Simplemente me haré bolita y empezaré a cantar en voz alta.
10. Que me vista bonito cuando salimos. Déjame ser, ya me tengo que acartonar en un saco y corbata toda la semana para que cuando salgamos tenga que seguir metido en el mismo disfraz. ¿Mi camiseta de Alianza? Es mi camiseta favorita y esos jeanes casi están nuevos. Dejar al hombre ser sí mismo.

Pd.
Me gustas cuando callas porque estas como ausente,
y me oyes desde lejos, y mi voz no te toca.
Parece que los ojos se te hubieran volado
y parece que un beso te cerrara la boca. – P. Neruda

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Escatologia

Escatología (fisiología) parte de la fisiología que se refiere al estudio de los excrementos (del griego skatós, ‘excremento’).

Escatología (religión) creencias religiosas referentes a la vida después de la muerte y acerca del final del hombre y del universo (del griego ésjatos, ‘último’).

-Adaptado de Wikipedia

Marianne era una chica de mundo, cosmopolita, fina. Vivía su vida al estilo de los comerciales de ropa más caros, parecía que mientras caminaba por la calle un narrador de publicidad de Saga iba describiendo sus características. Pero no me entiendan mal, a mí Marianne me gustaba desde mucho antes de convertirse en eso. Ella antes era distinta, cuando jugábamos en la vereda que compartían nuestras casas, cuando teníamos ocho años, ella era una niña, no una pose de estilo de vida sofisticado. Y entonces Marianne se fue a vivir a Europa con sus padres cuando era una escolar. Y de repente regresó, veinte años después, y de repente me contactó por el Facebook, y de repente estábamos tomando un café en el Coffee Shop más fino de Lima, uno muy europeo, y de repente ella me empezó a acariciar el muslo bajo la mesa, y de repente me fui un momento al baño, digo, al servicio de caballeros, para consultar con mi billetera si podríamos hacer una excepción ese día y darnos un bien merecido lujo llevándola a un restaurante muy exclusivo, muy cosmopolita, como ella misma era.

Una entradita, un plato de almuerzo para cada uno, mejor tres, ya que ella tenía muchas ganas de probar una variante fusión de su idolatrado pato a la naranja, o pato con naranja, o Ducké Naranjé o no sé cómo iba, estaba en otro idioma. Luego, obviamente postre, para los dos, mejor un postrecito más, para que no se quede con las ganas. Ella no podía terminarlo, lo hice yo, demostrando masculinidad a través del apetito, aunque en realidad desde el segundo plato yo ya no podía más con todo aquél volumen, pero estaba desesperado por demostrarle apetito y solvencia. Apetito en un afán para que ella sexualice mi imagen como la de un macho voraz, y solvencia porque, bueno, ella era una chica de mucha clase.

Y así, luego de conversar durante mucho rato, luego de que me vieran con ella y todos voltearan a mirarnos (admirarla) por donde quiera que caminábamos, yo sentí que nacía un nuevo yo, uno muy fino, muy fashion, adecuado para la envestidura que requería salir con Marianne (¿y ser su novio algún día?), ¿cómo se me vería junto a Marianne en un catálogo de ropa? Seguro nos veríamos perfectos, ¿cómo se nos vería juntos en un yate, con enormes lentes de sol? Me empezaba a gustar la idea, y yo iba disfrutando esa imagen mientras la imaginaba desnuda.

Llegamos al hotel, estacionamiento muy discreto y habitaciones de lujo, un sueño, como ella merecía. Y como yo merecía también, ese día nacía como chico fashion. Era mi bautizo en esa nueva vida, y pues claro que valía la pena exprimir mi tarjeta de ahorros por ese noble objetivo. Ella lucía tan bella, pero sobre todo tan sofisticada, y yo por supuesto que mostraba la talla.

Ella ya debería estar algo ansiosa o tal vez fastidiada. ¿Por qué no fui al baño de la recepción? O mejor dicho ¿Por qué tuve que tragar como un vikingo enorme tanta comida que ni sabía pronunciar? Llevaba ya tal vez unos doce minutos sentado en el lujosísimo inodoro de nuestra lujosísima habitación. Le dije “espérame un ratitito, voy a lavarme la cara, ¿si?” y ella por supuesto accedió mientras yo no aguantaba más. No hice nada de ruido, y terminé finalmente. Lleno de sudor, tiré de la cadena, dos veces, sin resultado. Tiré dos veces más mientras trataba de no entrar en pánico. Nunca iba a pasar. Estaba perdido. La única solución posible sería pedir otra habitación, inmediatamente, antes de que ella ingrese al baño y se encuentre con la enorme desgracia. La evidencia de mi delito gastronómico nunca iba a desaparecer del fino inodoro, nunca iba a atravesar la canaleta y nunca se iba a ir. Tiré de la cadena en total seis veces, ella ya lo sabría, estaba casi seguro, salí del baño, seguramente rojo como un tomate, y le pedí que me esperara un momento. Ella me miró extrañada, y salí raudo de la habitación, redoblé el paso por las escaleras, casi atropellé a una pareja que subía lenta y tímidamente, “sorry, sorry”, llegué a recepción, saqué cincuenta soles más de mi usualmente tacaña billetera, y conseguí el cambio de habitación, argumentando a la recepcionista “fallas en el baño”. Se rió sin disimulo y me dio una nueva llave y control remoto. Subí rápidamente, esperando que en esos siete minutos Marianne no haya entrado al baño. Eso nunca lo supe, cuando entré ella estaba en la cama, aún vestida y noté su dificultad para mirarme a los ojos. Le dije que nos habían cambiado de habitación porque esta yo la encontraba muy fría. “Okey, vamos, ¿pero podemos ver televisión nomás?” me dijo mirando por la ventana, mientras yo me daba cuenta de que mi nacimiento como chico elegante y con mucha clase había llegado a una muerte súbita y sobre todo prematura.

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10 cosas que me pasan de vuelta de los hombres

Con ustedes mi Top 10:

1. La mirada “caleta” a otras mujeres. ¿En serio? ¿nadie se dio cuenta? No hay nada más molesto que esas miradas indiscretas cuando caminamos y pasa otra chica. No son celos, es más bien respeto. No te pases. Si del poco tiempo que vamos a pasar juntos, un buen rato te la vas a pasar mirando a otra chica, así no juega Perú. Aparte con lo que tienes acá basta y sobra.
2. El que no me llames. Si ganara un centavo por cada vez que te he llamado y me has contestado con “justo estaba pensando en ti y te iba a llamar”, sería millonaria. ¿Qué te cuesta un hola amor dos minutos regresando del almuerzo?.Para más descaro me dices que estás en reunión y hace un minuto le diste like a la foto de una vedette en Facebook. Tsss.
3. El que no quieran escuchar un consejo. Sí, ya sé, tú eres el macho alfa, pelo en pecho, el líder del grupo, pero si estamos ya 30 minutos perdidos y no llegamos a la fiesta del matrimonio de tu primo, para, baja la luna y pregunta cómo llegar o al menos deja que lo haga yo. Terco, quieres llegar guiándote ¿por qué? ¿por las estrellas? Y para colmo me hechas la culpa de que no llegamos para los bocaditos.
4. Gases y otras emisiones. Ya sé que tenemos un buen tiempo saliendo y que la confianza y que el día a día. Pero controla un poco mejor tus emanaciones. Suficiente con estar todo el día en la oficina, en ese horno cerrado para después verte a ti y tener que aguantar más malos olores, no pues. Eso con tus amigos.
5. Que no me hagas caso cuando te hablo. Ya sé que eres multi-tasking, 10 cosas a la vez y sobretodo con el bendito celular. ¡Ya déjalo tranquilo! Dale y dale contestando mails, mensajes de texto, que el chat, actualizando el Facebook, “like” por aquí y “like” por allá. Admito que yo también lo hago, pero todo tiene su momento. ¡Pareces zombi!
6. Las mentiras piadosas (y monses). Si vas a salir con tus amigos te recomiendo la siguiente línea “Amor, voy a salir con mis amigos”. Listo, ya está, todo bien, mi bendición, se me acuesta temprano y se me cuida de las trampas mijo. Pero no “tengo un reunión familiar” “la misa de mi abuelito” “ya me voy a dormir”. No te lo cree nadie. Admito que de vez en cuando sobre reacciono, puede ser, pero igual dime la verdad y todo bien.
7. El desorden extremo. Está bien, el hombre puede llegar cansado o en su casa fue el mimado de mamá (no entiendo como una mujer le puede hacer eso a la siguiente mujer, pero en fin). Pero encontrar toda la ropa por cualquier lado, platos sucios, el baño hecho una desgracia. Ahí sí no, me paso de vueltas. Lo peor: anda mira su carro, una tiza, aromatizadores por todos lados, todo brillante, en su sitio.
8. Cuando cambias de actitud frente a tus amigos. Salimos a pasear, él todo serio, ¿te pasa algo amor? No, vida, todo bien. ¿Seguro? –con tono molesto-Ya te dije que todo bien. Nos cruzamos con un amigo y eso que del colegio que no ve hace años. Se transforma, super “hi5”, abrazo, risas, lisuras. Se despiden, regresa la cara de asado. Fuiiiiira.
9. No, no, no, no me preguntes sobre mi peso. No, ah ah ah ah, no. Ni subí ni bajé, ni nada, no me importa y no te importa. Salvo que te pregunte y ¡Ay! cuidado con lo que respondas.
10. Por favor, vístete bonito cuando salimos. En el trabajo terno, reloj, zapatos brillantes. Sale con amigos, que los zapatos así o la camisa a cuadros. Cuando venias a jilearme, creí que te auspiciaba Calvin Klein. Ahora, salimos con mis amigas y sus respectivos enamorados, pucha, la camiseta de Alianza Lima del ’94, sin peinarse y un jean con el que estabas barriendo la puerta de tu casa. Y todos igual, como para no desentonar. Parece la recreación de la dama y el vagabundo.

Pd. Igual te quiero ;)

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Galán de Cine

-¿Y tienes carro me dices?

-Obvio, mi viejo me lo regaló hace un mes, cuando cumplí dieciocho. Está nuevecito.

-Okey, pásame a recoger a las diez y media, a dos cuadras de mi casa, hacia la avenida, le dije a mi papá que voy a salir con unas amigas, no sería buena idea que te vea a ti ni a tu carro, pues, Meteoro.

Y salí listo para recogerla, una pulverizada con el mejor perfume de mi viejo, bastante gel en el pelo al estilo de galán de cine norteamericano y una casaca de cuero impecable y negra.

Hacíamos juego, combinábamos bastante bien, ella también usaba cuero pero en las botas, muy distinta a cómo iba vestida a la academia normalmente. Estaba seguro de que combinábamos muy bien con el carro negro reluciente además. Parecíamos salidos de la televisión, de alguna película adolescente.

-¿Y a dónde vamos? ¿Café o me vas a llevar a tonear?

Díselo, directamente, si no quiere ¿qué puedes perder? nada. No puedes perder lo que no tienes.

-¿Vamos a un telo?

-Ja, ja ja. ¿Así me piensas enamorar, en serio?

-Ehhhmmmm ¿sí?

Me miró casi compasivamente, pero con ternura.

-Vamos, tonto.

Y nos fuimos, a esa hora no sería tan difícil encontrar uno con cochera disponible. Gran error. No sé si todas las habitaciones estaban llenas en todos los hoteles del distrito, pero sus cocheras definitivamente lo estaban. Yo reía nerviosamente tratando de hacerle creer que controlaba la situación, hasta que noté que se impacientaba. ¿Y si al final se aburre y ya no quiere entrar? Tenía que encontrar un lugar con cochera rápido. ¿Y si dejaba el carro en la calle nomás?

Y a los pocos minutos por fin encontré uno. Se leía “Cochera Libre” en un feo letrero amarillo al lado de la puerta, y la flecha que estaba inscrita ahí señalaba una rampa en descenso demasiado pronunciada para mi gusto y mi experiencia.

Me adentré en la rampa con mucho cuidado, a paso de tortuga y grande fue el susto cuando a cinco metros frente al auto apareció el vigilante haciendo gestos con ambos brazos, los movía frenéticamente de forma horizontal. Ya no había espacio. Maldije al último usuario que había llegado al hotel y me había quitado ese sitio que era para mí. Ella me miró con rostro aburrido, enojada conmigo ¿Por qué? ¡No fue mi culpa¡ y no había espacio para rotar dentro del reducido estacionamiento. “Salga en retro nomás, maestro” me indicó la máxima autoridad de aquella improvisada pista de aterrizaje y yo, aunque ya no me sentía como un actor de película, y con el fin de llevar a cabo la faena en algún otro hotel con mejor estacionamiento, estaba obligado a seguir proyectando mi imagen de macho alfa.

El motor se apagó dos veces por mi adormitada poca destreza al volante, la cual venía a despertar justo en el momento menos oportuno. Logré encenderlo finalmente y poner retroceso en aquella rampa tan mal construida que tenía casi sesenta grados de inclinación. Y saliendo en retroceso, muy inclinado y con mucho miedo, pasé de ser un héroe de acción a ser el tonto favorito de cualquier comedia cinematográfica.

Golpe, nos chocamos con una camioneta 4×4 que entraba justo por donde yo planeaba salir, mejor dicho la choqué yo. Y pude escuchar a la serpiente de cascabel que se burlaba de mí por detrás de mi cabeza un segundo antes de devorarme, el sonido de los cristales rotos.

El robusto ejecutivo treintón se bajó despotricando de su camioneta mientras pensaba dónde me iba a golpear primero.

-¿Tu papá te pagó el seguro de tu carro también? Si lo hizo no pasa nada, tranquilo.

-No es mi carro, es de mi viejo, y lo saqué sin permiso.

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A whole new world

I went out for the first time in Lima last Saturday and what a night it turned out to be! I went to Ayahuasca for dinner and soon after I was buzzed from my four Pisco Sours. I had never gone to a club alone before but I decided this might be a good way to make some friends. I went to Larcomar and after a few bribes got into Aura. I started talking to a short cheeky looking dude and he introduced me to some of his girlfriends. We decided to get a table, drank some vodka red bull and got along really well. Then… the moment every “gringo” fears… the girls wanted to dance! I kind of held my own for a little bit but when they all started salsa-ing I lost interest and went back to our table. I was having a smoke and out of nowhere comes the most beautiful girl I have ever seen. I ask her if she wants a drink and she accepts. Her name is Flavia. She laughs at my jokes and seems to find my primitive Spanish accent cute. We are having such a great time, I almost forget that I am staying with a host family set up through my six month exchange program. There is no chance I can bring this girl back there! She is 25 and obviously still lives with her family. I stress out a bit, realize it’s a hopeless cause and ask her if she wants to head out and walk around outside. We walk around in the cold Lima night, holding hands and I am about to ask for her number so I can see her again and then something magical happens… she asks if I would be interested in going to a more private place where we could watch a movie or have some drinks for a few hours. “Where do I sign up?” I was thinking and we get in a cab and head on over. I was half scared that I was getting mugged by this extremely hot chick and half excited that I am about to get some action! We arrive at this hotel around Arequipa Avenue, Risso I think it was. The reception guy, who probably also doubles as the janitor, seemed to know Flavia, which troubled me slightly, but what troubled me more was that there weren’t any rooms! By this time it is 4am and I am getting worried I wont be able to close the deal! I make an executive decision and invite her back to my place. We walk in to the house and are as quiet as possible. We cuddle in the bed and one thing leads to another and soon we are exploring each other’s naked bodies. We start having sex and she is loving it, she is having a hard time not screaming out loud and a few sounds definitely escape. Not having kept track of the time I did not realize that my host mother has gotten up to prepare breakfast, and she hears us. She knocks, comes in and screams. She is shocked. Flavia is shocked. I am shocked. Huge disaster! Flavia gets dressed, leaves and I then get the most intense talking to ever. Needless to say, I was kicked out and I am writing this from Flying Dog Hostel, on the bottom bunk of a 6 person room. The good news is I have been introduced the new world of “telos” in Lima. One that I hope to explore and write a lot more about during my six months here!

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Amor Prohibido II

Se llamaba María del Carmen. No María y no Carmen. Sino todo junto y con “del” de por medio. María del Carmen. Tenía siempre sus cojudeces, esas necedades aleatorias con que los huachafos buscan formarse una personalidad. Después de ese plantón estuvo evadiéndome por un tiempo. Solo me llamaba de vez en cuando por el teléfono interno de la empresa pero como yo no tengo oficina aparte, no podía discutir de nada. Es que a mi lado tengo al sapo de Balladares, y ese es peor que jerma. Me dijo que tenía miedo. Que creía que su marido se había enterado de lo nuestro y que andaba espiandonos. Que conocía detectives y que no dudaría en llegar al extremo de chuponear su celular. Que el carro en el garaje de aquel hotel discreto en Lima había sido una sutil advertencia. Que ella al final no se había atrevido a encararlo por miedo a tampoco saber justificar su presencia en el hotel. A mi todo me parecía inverosímil. Yo en el fondo sabía que su marido (También) le ponía los cuernos, pero el problema era que nadie lo sabía con seguridad. Habría que cogerlo con las manos en la masa, pero con un tombo no hay forma. Mucho riesgo. Prefería seguir creyendo que María del Carmen se estaba poniendo paranoica. Aunque claro, con cosas así ya me conozco. Prefiero fingir que todo esta bien a convencerme que un tombo cornudo, rabioso y armado anda rastreando mis pasos. ¿Lógico no? Igual ella me dijo que era mejor no vernos más, dejarlo todo antes que llegue la sangre al río. Yo la miré con una expresión entre incrédula e irritada (Una de sus cojudeces era hablar con dichos). ¿A qué te refieres? Le increpé. Pues lo que oyes. Me aclaró. Yo no entendí. Solo pensaba en que quería acostarme con ella ya pero era evidente que no llegaríamos a nada en ese momento. Estaba demás hablar. Levanté la frente, hice un puchero, le dije algo del tipo “Que pena cariño” medio altivo, medio posero, y salí de su oficina. Lo de altivo esta vez no estaba completamente fuera de lugar. Sé de estrategias y sobre todo sé de mujeres despechadas. Nadie sabe lo que tiene hasta que lo pierde, me dije medio infectado con la cojudes de los dichos. Necesitaba un plan, necesitaba sobre todo una nueva trinchera. Había que matar dos pájaros de un tiro. Pensé. Le faltarían mis piropos, mi atención constante, yo entre tanto me buscaría otra para pasar el tiempo, Maria del Carmen se enteraría, se pondría celosa y me buscaría. Era evidente. Me puse a maquinar. En la oficina la motivación de mi equipo andaba últimamente medio caída. Malos resultados, algunos conflictos de interés. Pensé en salir con el equipo a hacer algo ameno. Una comidita de confraternidad y quien sabe después a alguna discoteca. Tenía a dos en la mira, Lorena y Cecilia. Lorena era nueva en la empresa y aun nos trataba a todos con mucha cautela. Era cuestión de suavizarla un poquito, hablando bonito, traguitos de por medio claro. La chica lo valía, buen rabito, esbelta, pecosita. Con Cecilia la cosa era distinta. Con ella ya había tenido mis encontrones. Años atrás. Una morochita robusta. muy power, muy rendidora ella. Lo bueno de Cecilia era que siempre se había tomado todo con ligereza, sin paltas, sin roches. Ahí seguíamos trabajando juntos de lo mas normal, claro que a mi me habían ascendido y a ella no, y aun así, jamás había vuelto a insinuarse ni nada. Buena chica, con ella las cosas no se me pondrían difíciles. Aunque claro uno siempre tira para la novedad. Lo desconocido, Lorenita era la predilecta sin duda. La cena estaba planeada para el viernes, quedaban cuatro días aun. La gente se había entusiasmado. Como no, con comida y bebida a cuenta de la casa. Yo tácticamente había comenzado a tantear a Lorenita desde ya. Inmediatamente después del e-mail masivo había pasado por su escritorio. Espero que puedas acompañarnos Lorenita. Le había dicho pícaro. Ella había sonreído con carita de circunstancia aunque igual me dijo que claro, que encantada. El día de la comida me aseguré de tenerla a mi costado. El truco es entrar al restaurante conversando de algo y luego ofrecerle un silla sin más. A veces hay que ser mandado. La senté a mi derecha. Ven Lorenita siéntate aquí a mi lado que por aquí roban. Me sonrió halagada. De salida nomás mande a por una ronda de piscos sour, para disolver las formalidades, para entrar en calor, para aflojar la lengua. Durante los entrantes me solté con una andanada de anécdotas de la oficina, las infalibles, bromas que ya habían probado su chispa en tantas otras reuniones. El grupo reía, la mayoría con la displicencia de haber oído el mismo cuento mil veces. Lorena en cambio reía con sinceridad, para ella todo era aun flamante, hasta las bromas refritas. Llegado el plato de fondo ya habíamos arrancado con los discursos y la emotividad, lo invalorable que era cada miembro del equipo, el sacrificio y la lealtad. Me interesaba un pepino todo eso, lo único que esperaba era cerrar cada discurso con un brindis. Nos bajamos dos piscos sour más por cabeza durante esa ronda de emotividad. Miré a mi derecha y vi a Lorenita chinita de risa, le di un toquecito en la pierna, así como quien no quiere la cosa. Me contestó tocando mi mano. Dos plazas más allá vi la cara de Balladares concentrada en nosotros. Pensé que ese sapo era exactamente quien necesitaba para diseminar el rumor. Le eché una miraba cómplice y un guiño al ojo. Me contestó el gesto. Esto ya estaba hecho. Maria del Carmen se enteraría de seguro. Ya pasados los postres nos habíamos bajado seis botellas de vino y varias rondas de pisco sour. Otros oradores habían tomado el relevo, se contaban chistes colorados en pequeños grupos. Aproveché para crear un poco de intimidad con Lorenita, le comencé a hablar de mi niñez, de mis comienzos en la empresa, de la lenta ascensión hasta quien era hoy. Medio solemne, medio sentimental, ella había pegado su silla a la mía, me rozaba con sus piernas. Pedí dos copas de Sambuca para impresionar. El camarero me miró con cada de número equivocado. Yo contaba con su ignorancia.

Le expliqué como servirlo, con los granos de café y el fuego. Varios en la mesa se animaron a más copas. A nuestro al rededor las mesas habían quedado vacías. Daban las once. Alguien sugirió ir a bailar, yo contaba con eso. Pero adonde. Lorenita sugirió un lugar, ella conocía al portero y no pagaríamos entrada. Todos rugieron empilados. Ella me sujetó la mano fugazmente. Vi que Balladares no nos quitaba los ojos de encima. Esta es la mía. Pensé. Salimos a la calle en un enjambre difuso. ¿Por donde? ¿Por donde? Paramos varias taxis, el tráfico en calle enloqueció. En la confusión varios se excusaban, otros compromisos, mi esposa espera, vivo lejos, Balladares era uno de esos, me aseguré de darle el adiós personalmente, una palmadita de compinches en el hombro. Lo último que vería del grupo sería a Lorenita y a mi sujetándonos por la cintura. La semilla estaba plantada. En medio de la confusión me subí en el mismo taxi con Lorena y Cecilia. No podía mandarme aun, la tenía apretadita contra mi cuerpo pero no podía hacer nada. El taxista subió la radio, una cumbia estridente. La noche daba vueltas. Diez minutos después habíamos llegado al lugar, éramos siete. Había mucha cola, rápidamente Lorena se desmarcó. Vamos chicos, dijo embalada. Todos la seguimos a la puerta, saltándonos la cola. Resultaba que Lorena conocía al portero. Antes de decir nada la vi besarlo en los labios. Resultaba que no solo conocía al portero que nos dejaría entrar gratis. También era su enamorado. Un chico musculoso y por demás muy amable. Me hice el disimulado. Uno por encima de toda eventualidad tiene que guardar las formas. En medio del tumulto de la entrada me giré a buscar a Cecilia con la mirada. Me miró con cara de pena, había visto todo de principio a fin. Estaba en evidencia. Era inevitable. Bailaría solito y con el rabo entre las piernas.

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Déjà-vu

Los planes han salido tal y como esperabas. En tu escritorio ves el reloj marcas las horas, viernes seis de la tarde, los minutos se ponen difíciles pero lo logras. Bajas las escaleras encantada, no sin antes acomodarte un poco el pelo en el baño de la oficina. Esos retoques apurados y ya estás sentada en el taxi rumbo al placer.
Han decidido encontrarse en un restaurante cualquiera, comer algo rápidamente y enrumbar a la habitación de sábanas recién cambiadas, al menos eso creen, para acabar con esa inquietud que viene corroyéndolos durante los últimos días. Ni te imaginas lo que te espera horas más tarde. Apenas entran, sabes que ese lugar es demasiado llamativo, pero vamos, ya estás grande para superar pasadas vergüenzas.
Sacas el dinero que se paga por adelantado, por supuesto, él te mira pasmado. ¿Cómo te atreves a sacar los billetes delante de todos? No vayan a pensar que a él le falta algo en la billetera. Le sonríes y piensas dar lo que te corresponde en unas horas. Mientras se inician esos trámites con la recepcionista, tú te sientas en los muebles a leer una revista.
Pronto, estás en el ascensor. Junto a dos personas más que intentan esquivar las miradas. ¿De qué se sienten culpables? La llave dice 412 así que bajan caminando lento hacia una habitación de puerta blanca. Ya dentro es complicado ver cuál es el orden de los factores. Ese poco tiempo juntos y aún no saben qué hacer realmente, ver un poco de televisión, ‘ponerse cómodo’, relajarse.
La habitación es básica con una cama de dos plazas llena de dobleces en las sábanas y nutrida de dos grandes almohadas. Junto a una pequeña ventana que da a la calle hay una mesa de madera con vasos de vidrio y dos sillas mal puestas. El televisor estándar está sujeto al techo de modo que puede acomodarse en cualquier sentido.
Llega la noche y luego de un par de tragos, decides vestir aquel traje especial que se durará en tu cuerpo apenas unos instantes. Felizmente no se apagan las luces pero sí se cierran las cortinas y se le pone seguro a la puerta, por si acaso. Se llena el ambiente de aquel calor especial.
A la mañana siguiente tienes una sonrisa en el rostro durante el pequeño desayuno que toman en el restaurante del hotel. Las miradas parecen decir algo más entre ustedes. Con esa alegría sales de nuevo al mundo, no sin antes darte cuenta que aquella frescura con la que quieres manejarlo todo se te acaba en un dos por tres. En la entrada está tu ex novio, vaya coincidencia. Está en el mismo trámite de pagar y su nueva compañera está sentada leyendo la misma revista que tú misma, ayer. Decides evitarlo pero no existe otra salida en ese hotel más popular de lo que esperabas. Respiras y pasas rápido pero no desapercibida.
Él tampoco parece saber muy bien cómo moverse. Así que respira hondo y te saluda. Tú te liberas rápidamente de la mano de tu acompañante por un instinto extraño de estar traicionándolo de alguna manera. Parece experimentar lo mismo aquel hombre alto que solías ver casi a diario hacía un año, pues los terceros se quedan pasmados al desaparecer de la realidad. Ustedes intercambian unos besos en la mejilla sutiles pero bastante expresivos. Qué incómoda parecía la situación y sin embargo ahí están preguntándose por sus nuevas vidas. Por supuesto, todo se mantiene en los temas familiares y laborales, quiénes son los nuevos en sus historias parece ser el tabú de la conversación casual. Sonríen y tú pareces darte cuenta de con quién venías, así que te despides con un abrazo y de pronto sabes otra vez que estás saliendo de un hotel. Gran conclusión de los finales felices en estos lugares.
Tu nuevo novio te recrimina solamente con la mirada, qué estará imaginando en su mente, aquellas historias que no le has contado. Sabe exactamente con quién te acabas de encontrar y que tu amabilidad no es nada fingida. Piensas en la chica, a la que analizaste rápidamente desde muchos ámbitos, estará pensando lo mismo. No sé por qué te llena de una ligera sensación de triunfo que dura solo unos instantes.
¿Recuerdas aquel hotel del que todos te hablaban de vez en cuando pero cuyo nombre nunca terminabas de recordar? Ahí estás hoy. Un atareado fin de semana para los visitantes pasajeros en busca de privacidad. No te habías percatado pero estás saliendo del hotel que todos tus amigos recomendaban y que todos visitan. Evitar la circunstancia fue imposible. Ahora sabes muy bien que es tu primera y última visita.

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Siempre que voy encuentro

Yo no entiendo a la gente. Sábado 10 pm, como siempre atendiendo uno tras a otro a los clientes del Hilthon, pero claro sábado 10 pm, hay estadio lleno. Es como un Perú-Chile de segunda ronda de las eliminatorias, no entra un alma más y la gente está entusiasmada y aunque la historia venza a los números ahí seguimos, con fe. ¿tienes habitación? No señor, está todo lleno. ¿las de jacuzzi? No señor – hago como que reviso las llaves y muevo papeles – no el sistema dice que está lleno. ¿qué cuánto tiempo? Déjeme que voy y toco y pregunto cuarto por cuarto – claro que lo pienso y no lo digo – no sabría decirle caballero.

Para esto que la dama acompañante no sabe dónde meterse, espera sentadita, multiplicándose por cero en el silloncito de cuero junto a la palmera de plástico. Un par de preguntas con la misma respuesta, no caballero, todo lleno. Y claro siempre un regaño me cae a mi, como si tuviera la culpa del alboroto hormonal de los sábados o la poca previsión del señor. Pero Luchito no pierde el profesionalismo y les paso la tarjeta del hotel, “Hotel Hilthon” “para usted y su pareja servicio, calidad, buen trato y discreción” con el número de teléfono al que sólo parecen llamar vendedores o números equivocados.

Para la próxima llame señor, acá se lo atiende. “Hotel Hilthon buenos noches, aquí recepción” yo le tomo la reserva caballero. Sí, sí, tenemos habitación, sí sí, hay con jacuzzi, aja, aja, circuito cerrado correcto, no sabría decirle qué canal en específico, no, no reservamos cochera pero hay guachimán del frente, sí, sí, ¿su nombre? Ajá, como el jugador de fútbol, correcto, señor por favor, tolerancia 2 horas, más no puedo. Gracias, sí, sí, de todas maneras se la guardo.

Pero llamadas así son pocas. Porque así somos lo peruanos, ahí vamos improvisando un poco, jugando con nuestra suerte. Sí hay, siempre que voy encuentro. Claro que si estás con un plan que sale de la nada, no te vas a desaparecer media hora en el baño llamando a todos los telos que se te ocurran y eso que si te contestan y un poco te la juegas. Pero si es con la firme, ya pues, no le hagas pasar mal rato, prepara algo, aunque sea media hora antes una llamadita donde Luchito y acá se te prepara todo.

En fin, acá llega otro y este que cuadro la 4×4 en el estacionamiento de 2×2, otra vez a repetir el discurso del está todo ocupado, que no señor, que está lleno. ¿Usted es fanático de la selección? ¿por qué? No, por nada.

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