Historias de Habitacion

¿Qué historias se esconden detrás de los hostales en Lima? Hostales son (o tal vez ya fueron) parte de la vida de muchos de nosotros: el lugar de encuentro privado con tu pareja, escenario de alguna aventura con aquel acompañante ocasional o el lugar donde descubriste a aquella persona especial con la que después te casaste. Los hostales son aquellos cómplices silenciosos que nos mantienen alejados de las miradas indiscretas. Acá te contamos algunas de las historias que ellos guardan…

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Las mejores tarifas Last Minute llegaron a Peru con RoomVa

Con la revolución de las apps, también cambió la manera en la que reservamos una habitación. El modelo antiguo de reservar con semanas de anticipación quedó atrás y la ultima tendencia son las reservas last minute.

¿Qué es last minute? Es cuando los hoteles ofrecen sus habitaciones para el mismo día, buscan atraer a los usuarios que buscan una habitación en el momento

¿Qué ventajas tiene el last minute para el usuario? Son varias.

El mejor precio disponible, al ser para el mismo día, los hoteles están ofrecen sus mejores tarifas para atraer a los huéspedes

Los mejores hoteles a tu alcance, son hoteles que usualmente se ofrecen para viajes de negocio y cuentan con los mejores servicios. Con last minute, no sólo una gran tarifa sino el mejor servicio

A la medida de tu espontaneidad, con last minute encuentras la habitación que buscas en el momento justo en que la necesitas y te aseguras de tener la mejor opción.

Así que ya sabes, con RoomVa aprovechas las tarifas last minute exclusivas. Es tan fácil como descargarse el App para Android o iOS y listo. Cientos de habitaciones a un click de distancia.

RoomVa Last Minute

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Consejos prácticos de cómo olvidar a tu ex

Todo el que se ha enamorado ha tenido que pasar en algún momento por el proceso de olvidar. Tal vez lo más difícil de estar con alguien es saber que en algún momento esa persona ya no estará ahí.

Es por eso que llegada la hora hay que ajustar el corazón, poner las ideas en orden y seguir adelante. La lista de recomendaciones es larga pero aquí los mejores consejos para cómo olvidar a tu ex:

Tip 1 La regla del mes

UN MESEl peor momento para tomar una decisión es cuando está todo revuelto en tu cabeza. En esos primeros días las cosas no están claras y empezarás a extrañar todo lo bueno de la relación y a idealizar a esa persona ¡ERROR! Lo más saludable es la regla de 1 mes, en 1 mes no puedes tomar ninguna decisión relacionada a tu ex. Por más que pienses que es lo mejor, que ahora sí ya aprendiste. No, 1 mes es la regla y que lo sepan tu amigos, que no te dejen hacer nada antes de 1 mes.

Tip 2 Sal con amigos y amigas

SALIR CON AMIGOS Y AMIGASAprovecha en salir. Es entendible la pena y ganas de quedarte en casa y es normal hacerlo. Pero proponte salir acompañado, con ese mejor amigo o amiga, sal todo lo que puedas. Toma aire, haz deporte, fiesta o vacaciones. Pero sal, no hay peor remedio para olvidar que tiempo libre para pensar.

 

Tip 3 Quema todo (que no queden ni las cenizas)

QUEMA TODOSi puedes que te ayude alguien. Lo que sea que tengas que te recuerde a él o a ella, desaparécelo. Juguetes, dónalos a alguien que los necesite claro. Cartas, flores, tarjetas, deben irse. Tal vez mételas en una caja y que te las guarde alguien pero aléjate de esos detalles que sólo sirven para recordar.

 

Tip 4 No es tu culpa

REGLA DE UN MES 1Sea cual sea el motivo, si se acabó, debía acabarse y no tiene sentido darle más vueltas al asunto ¡no te tortures!. Una persona tendrá en promedio 3-4 relaciones estables antes de decidirse asentarse. Y ese es el promedio, si vas en la 20, tal vez no es por qué terminas sino por qué las empiezas pero esa es otra historia. Las separaciones tienen siempre un motivo y basta que sea sólo de una lado para que sean válidas. Al final la culpa no es de nadie y si alguien te hizo daño es mejor estar alejado.

 

 

Tip 5 Lo siento, no podrán ser amigos

NO PUEDEN SER AMIGOSDecir que han terminado pero que aún pueden ser amigos es el equivalente a “tu perro murió pero aún te lo puedes quedar”. Si hay una amistad, será en el tiempo, cuando ambos hayan superado la relación. No antes, una amistad forzada y apresurada sólo terminará en remembers, reproches y en alargar el dolor para alguno de los dos innecesariamente. Sigue adelante, no pienses que una amistad es el premio consuelo necesario. Es mejor seguir por camino separados.

Las relaciones humanas son complejas y cada uno construye su propia historia. Con el tiempo nos damos cuenta que la vida son miles de caminos que se van cruzando, algunas veces de forma fugaz y otra veces para siempre. Cada cruce de caminos tiene un propósito pero hay que estar listos para aceptar que en algún momento esos caminos se separarán, tal vez pare reunirse de nuevo o tal vez no. Lo importante es entender que cada día es diferente y que nosotros tenemos el control para hacer de cada día el mejor.

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Me olvidé de esa fecha importante ...consejos para pedir perdón a tu pareja

No importa la fecha o lo que se celebre: siempre alguien se olvida. Normalmente es él pero también podría ser ella. Una relación normalmente viene cargada de miles de fechas importantes: cuando se conocieron, cuando se hablaron, cuando salieron por primera vez, el primer beso, el primer lo otro, ahora multipliquemos esos momentos por el número de veces que hay que recordarlo: a la semana, al mes, al año, a los cinco años, a los 10 años. La probabilidad de olvidarte alguna fecha es bastante alta.

Entonces ya pasó, llegaste, cara molesta, sin ninguna pista. 3, 2, 1….cayó la ficha, te olvidaste de que hoy es el aniversario. No te queda otra, soportar el mal humor y reproches y esperar a que pase la tormenta. La recomendación es mantenerte a flote el mayor tiempo posible.

Sobre lo que sí tienes control es el siguiente día, es tu gran oportunidad para reivindicarte con un gran detalle. Para eso son estos 5 consejos para pedir perdón a tu pareja. Dale vuelta a la tortilla y queda como un campeón (o una campeona de ser el caso). Recuerda que el objetivo es dejar en claro que, aunque te hayas olvidado de una fecha tan importante, tu amor por ella (o él) sigue aún intacto.

Idea 1: tatuaje temporal hindú con su nombre o alguna frase romántica

tatuaje

Por si acaso es temporal, así que no vayas a cometer una locura con un tatuaje permanente. Puede ser hasta divertido ver su cara cuando le muestres que te tatuaste para pedirle disculpas ¿qué te puedes tatuar? “Perdóname, te amo”, “Eres el amor de mi vida gordita/flaquita/osita (poner acá la palabra pertinente)”, “El día que cambió mi vida DD/MM/AA (completar con la fecha correcta)”

¿Dónde conseguir el tatuaje? La mejor opción la puedes ver en Mercado Libre, en tatuajes temporales henna AQUÍ.

Idea 2: cena romántica en un restaurant de categoría

mesa247

Las cenas románticas no fallan. Asegúrate de que sea en un buen restaurante y de que todo salga sin inconvenientes. Si puedes adelántate pidiendo algún postre que le guste o algún detalle adicional como un buen vino. La clave es que todo se vea planeado porque una salida a un restaurante así nomás no va a tener el mismo impacto.

¿Cómo asegurarte un buen restaurante? Recomendado Mesa247.pe que tiene la selección de mejores restaurantes y te deja reservar al toque.

Idea 3: noche de preparar comida japonesa en tu propia casa

makimakerEn la misma línea de la comida, si salir a comer te parece ya muy común, puedes hacer que la comida venga a ti. No, no puede ser pollo a la brasa o pizza por delivery sino algo más especial. Puedes traer un cheff especializado en comida japonesa para que les enseñe a preparar makis y sushi, no sólo es rico sino también divertido.

¿Quién da ese servicio? Recomendado Maki Maker, tienen mucha experiencia en comida japonesa.

Idea 4: polos personalizado con una foto de los dos

ox

Podrás pensar que esta opción es un poco cursi. Pero no te quedes en la típica foto pegada sobre un polo que lo más probable es que nunca más uses después de ese día. Hay opciones más avanzadas, con mejor diseño y mejor calidad. Además de la foto, puedes imprimir un polo con su serie de anime favorita, su nombre artístico o algún diseño peruano.

¿Polo con diseño de tu preferencia? En Ox.pe tienen todos los modelos, lo mejor es que no tienes que meterte a una galería oscura y caliente sino que todo lo resuelves en línea o visitándolos en su tienda en Barranco.

Idea 5: una noche romántica en una habitación decorada

hcaEsta ya no tiene pierde, si la comida o la moda no funcionan, nada más efectivo que una noche romántica con decoración. Tiene que ser sorpresa. Sea en tu casa o en algún hotel, el impacto de unas rosas, velas, un vino y poca luz es increíble.

¿Quién te prepara un decorado? La mejor opción es la de Hoteles con Amor, te hacen el decorado que prefieras y en el lugar que tú elijas, sea un hotel o tu propia casa. Y si tienes que buscar el mejor hotel, claro, la mejor opción es RoomVa.

Ya sabes, la clave es la creatividad y la buena intención. Uno comete errores pero la reconciliación muchas veces es la mejor parte de todo ;)

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Habitaciones tematicas en Lima - Las mejores opciones de hoteles

¿Quién no busca agregar algo diferente a una noche en pareja? En RoomVa nos preguntamos lo mismo y salimos en la búsqueda de aquellos hoteles que tienen habitaciones tematicas en Lima  que ayudan a la fantasía y te sacan de la rutina. He aquí nuestro top 5:

Puesto 4: Sagitarius en La Victoria

SagitariusLa habitación temática del Sagitarius es simple en decorado (detalles de piel de jaguar por todos lados) pero tiene la ventaja de ofrecer sauna a vapor, cámara seca y ducha española dentro de la habitación. Esto es súper conveniente para aquellos a los que no les gusta compartir saunas con extraños y mucho menos si está con la pareja.

Es una opción algo diferente, tal vez no la más recomendada para una experiencia 100% temática pero buena, si lo que buscas es relajarte en el sauna y luego bajo la ducha española.

Puesto 4: La Estancia en La Perla

La EstanciaDe las opciones que encontramos, La Estancia es el lugar con el perfil más bajo. Ubicado en La Perla, su nombre y aspecto discreto no permiten imaginar que posee una habitación diferente y, lo mejor de todo, a un precio espectacular. La Suite Premium tiene: pole dance (para el baile del tubo), sofá tántrico, luces de discoteca y equipo de sonido. Se puede armar un gran fiestón para dos y no quebrar el presupuesto. Definitivamente una opción a ser considerada por los chalacos y no chalacos.

 

Puesto 3: Hollywood Suites en San Miguel

Hollywood SuitesUno de los hoteles que primero equipó sus habitaciones con más que una cama y un televisor es el Hollywood Suites. En el Penthouse, además de lo tradicional, podrás encontrar luces de colores que le dan un ambiente discotequero a la habitación y un mueble bar por si te interesa ponerte creativo con algún trago. Hay que destacar uno de los artículos más valorados: el sofá tántrico ¿Qué es eso? Es un sofá que por sus formas curvas y ergonómicas permiten llevar las actividades de la cama al sofá. Especialmente recomendado para los más atléticos.

Puesto 2: Hotel Wimbledon en San Miguel

Hotel WimbledonFrente al mar de San Miguel, el Wimbledon es un ícono de Lima. Con estacionamiento interno y mucha discreción, en el Wimbledon se pueden encontrar habitaciones con un “decorado” muy particular. Tiene la Hawaiian Dreams con motivos acordes a esa isla del Pacífico, la Riverside Dreams que da a un río artificial interno con: cascadas, helechos  y hasta pececitos. Además están las presidenciales, con cama de agua muy buenas para la diversión (no tan buenas para la espalda).

En la mayoría de habitaciones podrán encontrar un tubo bailes sensuales, especial para aquellos que gustan de la danza. Lo mejor de todo es que las habitaciones cuentan con un sistema de sonido en las que se conecta un reproductor de MP3 y ¡sorpresa! Las luces se activan al ritmo de la música.

Puesto 1: Park Suites en Barranco

Park SuitesSegún un usuario experto en el tema, es como un viaje alrededor del mundo pero sin salir de Lima. Una noche visitas India, otra Japón, luego Hawaii y de ahí Egipto. El Park Suites en Barranco es la opción top en habitaciones decoradas. Estas han sido ambientadas de manera acorde para trasladarte al destino elegido. Lo más sobresaliente son los detalles, cada adorno va con la temática, y el buen gusto que hacen la estadía aún más placentera. De las opciones temáticas, para una noche más de relax que de fiesta discotequera y sofás, el Park Suites de todas maneras.

Así que ya sabes, sólo te queda a ti tomar el “riesgo” y probar algo diferente ;)

 

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Demasiado bueno para ser verdad

Después de ese debacle anduve oculto en mi caparazón.  Aislado, evitando toparme con cualquier mujer. Como secretamente creyendo que llevaba el bochorno pintado en la cara de huevón. Un viernes al final del día sonó el celular. Era mi pata Rodolfo. Habíamos sido siempre los mejores amigos en la secundaria. Un buen día, como tanta otra gente, se mandó a mudar a los United. Ahí vivía desde hacía una década. Oye comparito. Adivina. Estoy en Lima. Adivina más. Esta noche nos perdemos. Se había colado en una delegación de su universidad. Era el guía, traductor, dealer, guardaespaldas y chacal del grupo. Venimos de camino del aeropuerto y la gente tiene sed. Hacemos el check in y te recojo en el Ovalo de Miraflores en una hora. Chau comparito. Oye, Rodo, pero. Que falta de respeto. No me dejó tiempo de hacer el amague, contarle acerca de mis heridas, decirle que tenía sueño, ni siquiera tiempo para hacerme el indispuesto. Una hora más tarde estaba ahí paradito en el ovalo con mi cara de huevón y esas fachas que tienen todos los oficinistas cuando están de asueto. Una combi nueva se aproximaba. Rodo asomaba su cabezota despeinada por la ventana del pasajero. Silbaba ruidoso. Compariiiiito ¡Súbete al toque! Me trepé como pude en la parte de atrás. De pronto no sé lo que vi, solo sé que no me lo esperaba. Mis ojos eran dos platos, mi mandíbula colgaba. Dentro de la combi, a mi ladito nomás había como cien gringas. Todas buenotas. Todas doradas, todas patonas, saludables, potentes, sonrientes y sobretodo desatadas. El corazón se me aceleró. Me sobrevino un soponcio. La combi se puso en marcha. Yo seguía pálido. A las chicas solo les causaba gracia mi sincope. Lentamente pude estudiar la situación al detalle. En realidad no eran cien sino cinco chicas. Rodolfo se reía conmigo. Mira lo que te he traído hermanito. Sírvete nomás con confianza. Reímos en complicidad. Las gringas nos seguían la corriente sin entender nada. Anduve medio bobo un par de cuadras. Las gringas me hablaban de no sé qué. Solo me sonreían más lindas y yo me ahuevaba más. Mi inglés de la Trilce se esforzaba por seguirles el juego sin cagarla mucho. Nos fuimos directamente a un bar en Barranco. Piscous sour! Rugió una gringa narizona tras revisar su Lonely Planet. Infalibles, pensé yo. Todos celebraron a gritos sin entender de qué iba la cosa. Una de las gringas se me había pegado, no sé si por el poco espacio de la combi o por simpatía. Se llamaba Keyla. Comenzamos a conversar. Hablaba español bastante bien, yo hice un ampay me salvo mental y puse mi inglés de la Trilce de vuelta en el cajón. Keyla hablaba mucho. Quería saberlo todo. En qué lugar vivía, cuantos hermanos tenía, como era la vida en el Perú, como era la música, la comida, la cultura. Muy rápidamente saqué línea de que ella era sería mi objetivo esa noche. Se quedarían una semana y yo ya me imaginaba paseando a la gringuita por toda la ciudad, bien campante, todo un campeón. No le di vueltas al asunto y le ofrecí mi compañía incondicional de inmediato. La gringa encantadísima con todo. Yo casi me persigné. Minutos más tarde entrábamos del brazo a un bar del Bulevar. Nos ubicamos bien. En una mesita medio a oscuras a un lado de la pista de baile. Dos parejas con cara de aburridas bailaban un merengue de los noventa. Los piscos sour no tardaron en llegar, yo al instante me mande a contar los detalles de la receta con la solemnidad de un catedrático. Para la tercera copa la receta había cambiado tres veces y ya me había mandado con las historias no solo de la bebida, sino también de la ciudad de Pisco, el departamento de Ica, el sur del Perú y hasta la guerra con Chile, todas perfectamente inventadas por mí mismo. Keyla sonreía maravillada. Palmeaba mi pierna de cuando en vez. Se me hacía que no entendía un carajo pero me daba igual. Ese era mi momento de gloria. Inspirado por mi mismo cogí a la muchacha del brazo y la llevé a la pista de baile. Ella me siguió sin resistencia. Rodo aprovechó la viada del momento para arrastrar a otra de las chicas a la pista. Tocaban una cumbia. Comenzamos a bailar juntitos aunque no pegaba con la música. Ella se reía, tenía calor, yo sentía el vaho emanando de su pecho. Me estaba excitando. No quería que se de cuenta. Aun no. Yo le hablaba al oído. Le enseñaba como bailar. Le hablaba de la cumbia, de sus orígenes, de su desarrollo. Me inventaba todo. Ella se dejaba llevar, me sujetaba fuerte. Yo le hablaba solo porque así sentía su perfume fresco. Vi de reojo que otros chicos se habían acercado a nuestra mesa, les hacían la conversación a las tres gringas que quedaron solas. Vi que Rodo entre cada sorbo ya estaba dándose picos con la otra gringa. Sentí prisa por besar a la mía también. Intenté un pequeño amague. Algo como un roce de labios accidental. Ella se apartó sutilmente, en un movimiento también accidental que me dejó confundido. Quise volver a crear un momento como el que había pasado pero entonces comenzó una salsa demasiado movida como para andar apachurrándose. Guardé mis intenciones y me fui al baño volando. Para encaletar el paquete.  Al volver a la mesa los intrusos ya se habían acomodado. Yo rápidamente despaché a uno que ya había comenzado a conversar con la mía. Los demás que bailen con su propio pañuelo, pensé. Entre tanto el lugar se había llenado. Todos nos miraban con envidia. La mayoría eran estudiantes que ansiosamente compartían jarras de cerveza. Le sugerí a Keyla dar un paseo para tomar aire. Aceptó encantada. De alguna forma la gringa se encantaba con todo. Caminamos hacia la plaza y luego bajamos camino al Puente de los Suspiros. Yo por supuesto, muy ávido, le expliqué la historia. Se alegró aunque por primera vez en la noche me había arrojado una mirada de desconfianza. Esa historia de besitos en el puente era por algún motivo demasiado evidente en ese momento. Supe que ese no era el momento de lanzarse a la piscina. Continuamos nuestro paseo por las callecitas estrechas del centro. De vuelta al Bulevar nos detuvimos un rato en la bodega Juanito. Nunca antes había ido a ese lugar acompañado de una chica. Aproveché para beneficiarme de la costumbre sentándonos en el salón de adelante. Le expliqué la normativa de la casa. Bastó con que ella echará un vistazo al salón de atrás, repleto de hombres, para corroborar mi historia. Le pareció una costumbre discriminatoria y un poquito sexista. Yo no entendí ni papa de su argumento. Me daba igual. Entre tanto ya me había pedido dos butifarras y dos chilcanos cargaditos. Otra historia medio gastronómica, medio folclórica siguió. Me sentía creativo, inspirado. Conocía esa sensación y no confiaba en ella, aunque algo me decía que esta vez si tendría suerte. Keyla en todo caso me seguía la corriente feliz. Al probar la comida le entró un no sé qué de emoción. Me rodeó el cuello con sus brazos y me besó en la mejilla. Un beso ruidoso, con muchísimo cariño. Por supuesto que no me atreví a voltear la cara. Esta vez decidí quedarme callado por un rato, en parte porque me había dejado lelo con ese avance. Curiosamente fue ella la que esta vez tomó la iniciativa. Comenzó a contarme de su vida, de sus estudios, sus amigos, los lugares donde había vivido. Yo oía atentamente y sin escuchar nada. Solo me dedicaba a mirar sus labios delgados, sus pequitas, su cabello encendido, sus ojitos. De pronto el ruido del celular me sacó de mi sueño. Era Rodo. Sonaba agitado, tenía prisa. Me preguntó dónde estaba, dónde había estado, que qué había hecho con la gringa y qué tramaba. No esperó mis respuestas, prefirió asumir todo. Solo me comentó que ya se habían vuelto al hotel. Que no supo qué hacer con tanta gringa y con tanto tiburón. Yo sabía que quería estar a solas con la de los picos. Me pidió que devuelva a la señorita sana y salva a su hotel y que nos veríamos pronto. No hay problema hermanito. Yo me encargo. Le dije. Al colgar me di cuenta que ya había pasado la media noche. Aun no estábamos cansados y junto con las energías renovadas por los chilcanos decidimos volver a la discoteca del Bulevar. Esta vez fuimos de la mano. Al llegar vimos nuestro lugar completamente tomado por los tiburones y algunas chicas de otros grupos. No quedaba rastro de las gringas. No nos importó y nos pusimos a bailar un reggaeton faltoso. Sentíamos el clandestino gusto de portarnos mal sin testigos. Keyla se estaba desenfrenando rápidamente, volteándose y bajando lentamente hasta tocar el suelo. La gente en la pista de baile le hacía espacio, aullando, alentando a la gringa loca. Era la atracción y yo el amo. Contemplaba toda la escena altivo y superior. Ya comenzaba a saborear la victoria sin tener aun idea de lo que estaba por venir. Porque justo en medio de la agitación frenética del baile, de la nada había aparecido una de sus amigas, la gringa narizona. A mi me hizo un “hello” distante mientras que a Keyla le dio un abrazo fuerte con apretón de nalga. La pista de baile hizo un uff disimulado. Me fui a comprar algunos shots de lo que sea. Tenía un miedo intrínseco de que ese fuego se vaya a apagar. Al volver las encontré abrazadas bailando lambada. La música era reggae pero les importaba un pepino. Cuatro tiburones asomaban en torno a ellas. Me abrí paso a gritos y caderazos. Al verme con los tragos las chicas se me abalanzaron encima. Me besaron una en cada cachete y me convertí automáticamente en el dueño de la discoteca, que va, de todo el bulevar, que va, de todo el barrio, Lima, Perú y el mundo. Un amo absoluto. De pronto las chicas elevaron sus copas al aire atrayendo toda la atención. Todos miraron. La narizona se apuró en beber su trago. Inmediatamente después tomó a Keyla de la cintura acercando ambas bocas. Luego, muy lentamente dejó fluir la bebida de sus boca a la de Keyla. Lamían las gotas de la piel de la otra, se besaban con descaro en la boca. La pista de baile soltó un wow que vino de ultratumba. Yo me paré al lado de la acción, mismo propietario de atracción de circo. Ellas siguieron bailando provocativas, no les importaba la multitud de hombres asediéndolas, se movían, coqueteaban y de tanto en tanto se besaban. A mi ya me daba igual que se me notara el paquete. Bailaba con ellas juntas, una por una, de atrás y adelante, lento y frenético, bailaba y bebía sin un mañana por delante. Las chicas me tomaron de la mano. Me arrastraban hacia la calle. Ahora se ponía interesante la cosa, pensé. Me dejaba llevar, las tomaba por la cintura, cuerpos firmes, jóvenes. Una vez afuera el show siguió. Con besos atrevidos en medio bulevar. Daba todo igual. Éramos los dueños del mundo esa noche. Seguimos hasta la plaza. Una de ellas detuvo un taxi. No subimos los tres en el asiento de atrás. Durante el camino estuvimos cogidos de la mano, ellas se besaban con un poquito más de recato. El chofer nos miraba por el retrovisor con interés. Hablabamos pavadas en un idioma irreconocible. No sé cuanto duró el viaje. Solo recuerdo que nos detuvimos frente al hotel. Ambas abandonaron el taxi de inmediato. Se tomaron de la mano y caminaron hacia adentro. En mi encendida imaginación vi la posibilidad remota de un trío. Vi al taxista con cara de impaciente. Quince soles manito. Pagué a prisa. Quédese con el vuelto maestro. Salí del taxi y me apresuré casi tropezándome detrás de ellas. Las luces del lobby me pegaron en la cara. Vi por todas partes, no quedaba rastro de las chicas. El velador me miraba con cara de aburrido desde la recepción. Lo ignoré y caminé incólume hacia los ascensores. Me permite su número de habitación caballero. Oí decir detrás de mi. El velador aburrido era ahora un wachimán corpulento que me miraba amenazante. Este, no, digo, yo estaba con las señoritas que acaban de entrar. Me apresuré a decir tartamudeante, presintiendo la derrota. Su número de habitación señor. Contestó implacable el guardia. Si no es huésped del hotel, por favor tenga la amabilidad de retirarse caballero. Pero, este, mis amigas. Alcancé a decir. Si fuera tan amable, repitió señalando la puerta. Lo di por perdido. Ya en la calle pensé en llamar a Rodo. Me di cuenta que ya no estaba excitado. Todo había sido demasiado bueno para ser verdad. Siquiera en el bulevar seguirían creyendo que había triunfado. Ese honor me bastaba por hoy. Me fui a comer una hamburguesa con el último billete que me quedaba. Intentaría convencerme que me había imaginado todo.

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10 cosas que no debes hacer en la cama

Para el amor no existen reglas y cada pareja es un mundo completamente distinto, a todos nos gustan diferentes cosas y valoramos algunos detalles más que otros. Sin embargo, cuando se trata de demostrar amor en la intimidad, hay muchos errores que cometemos, tal vez sin darnos cuenta, y que destruyen la magia en segundos, dando lugar a las peleas “after love” que tanto odiamos.

Estos son 10 cosas que no debes hacer en la cama. ¡Atentos y tomen nota!:

  1. Dejar a tu pareja de lado para irte a comer, dormir o fumar. Después de la intimidad siempre se esperan abrazos, caricias y demostraciones de afecto, no que te ignoren por completo.
  2. Poner alguna excusa y salir corriendo. La otra persona sentirá frustración al pensar que todo el encuentro fue sólo un “choque y fuga”.
  3. Preguntarle si ha tenido “mejores”. Los recuerdos de experiencias pasadas no le caen bien a nadie y serán motivo de una pelea sin sentido.
  4. Hablar de temas delicados. Disfrutar del momento después del sexo es importante, es mejor estar relajado y contento, que generar polémica y una discusión.
  5. No soltar el celular. Ya tendrás tiempo para chatear, entrar a Facebook o revisar tu e-mail. Dale a tu pareja la atención que se merece y deja el smartphone para después.
  6. Sugerir pasar la noche juntos. Cuando se trata de parejas casuales o “choque y fuga”, no hay nada más incómodo que despertarte a la mañana siguiente y ver a la otra persona inventando excusas para huir.
  7. ¿En qué estás pensando? Generalmente son las mujeres las que asaltan a su pareja con esa pregunta fuera de lugar, para obtener la respuesta de siempre: en nada.
  8. Sensibilidad y lágrimas. Ver a una mujer llorar hace que los hombres no sepan cómo reaccionar y transforman la situación en un momento de tensión.
  9. ¿Te gusta mi cuerpo? La inseguridad no es sexy y preguntar “¿estoy gorda?” nunca nos llevará a la respuesta que esperamos. ¡Evítenlo! Si está contigo, es porque le gustas tal y como eres.
  10. Quejarte de tu compañero. Si no quedaste completamente satisfecho, es porque no supiste comunicarte con tu pareja. Burlarte y quejarte de su desempeño sólo servirá para crear conflicto.

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No hay edad para el amor

Dicen que lo último que se pierde es la esperanza, que el tiempo nos dota de experiencia, a veces son como súper poderes. Siempre sigo las reglas, evito romperlas.
Un día conozco una chica, una bella chica, a lo lejos sé que es una niña. Calculo su edad, albores de comienzos de adultez, pero me equivoco, apenas está por terminar el colegio, físicamente es una mujer completa. Me gustaría saber más de ella, sé que esto un pecado, pero algo me dice que hablar y ser agradable no lastima a nadie. Sigo este viejo instinto y logro entablar una comunicación. Me es un poco difícil, ella es tímida y esquiva, intento no asustarla. Sólo intento dejarla saber que podríamos llegar a ser amigos y que quiera saber más de mí.
El tiempo pasa y sé que la tendré algún día. Ella crece, conoce gente, amigos, tiene enamorados. Debe crecer, madurar y eso a veces toma años.
Pasa el tiempo, nos cruzamos una que otra vez, intento saber qué más puede pasar en esos instantes, sé que esta niña debe dejar de serlo para que pueda verme con otros ojos, lo sé.
La vida es extraña, cuando piensas que las cosas no están saliendo bien, que la vida es aburrida y que todo es monótono, recibes una llamada… ¡Oh, sorpresa! Es ella, la reconozco, me saluda, conversamos por unos minutos. Me dice que le gustaría verme, yo me siento halagado, le digo que también me gustaría verla. Sé que esta vez tendría un buen final y sé que el tiempo marca distancias o, a veces, las acorta. Nos vemos a las cinco, me dice. Está bien, respondo.
No asisto al encuentro pactado. Curiosamente ella tampoco asiste. ¿Cómo lo sé? Me llama disculpándose. Me hago la víctima y digo será para otro día. Este tipo de llamadas se repitieron en tres ocasiones más, pero yo dejé de estar ausente. A este encuentro sólo llegábamos yo y mi soledad.
Si bien es cierto, las cosas siempre cambian, hay cosas que se mantienen vivas a pesar del tiempo. Tienes presente ese sentimiento de querer y esperar por algo que no sabes si llegará. Hoy ella volvió a llamar, habían pasado meses sin saber de ella, no recuerdo la última vez que le dije para vernos. Después de todo, dejé de decir esas cosas, no las mencionaba, sabía que era sabio sólo escuchar. Todo caería por su propio peso, pero esta llamada era precisa. Literalmente, ella dijo, “¿podemos vernos?” “¡Sí, claro!”, digo en mi mente, pero también sé que no iré a ningún lado. “Ok, te espero“, digo. “Perfecto, llego en una hora, nos vemos, besitos”.
Una hora más tarde de lo acordado toca el timbre, llega tarde, pero esta acá, vino. No puedo creerlo, la veo  después de mucho, sigue igual de linda que cuando la conocí. Interrumpe justo cuando estaba haciendo mi rutina de ejercicios, se había demorado y ante su inminente ausencia quise aprovechar el día, pero estaba aquí.
- Hola, entra, ponte cómoda. Acabo de terminar mi rutina – miento – me doy una ducha y vuelvo. ¿Me esperas? – me invade un terrible temor ante la posibilidad que se escape una vez más.
- Claro, voy a ver la tele mientras espero. No te preocupes – dice sonriendo, hermosa.
Quiero que se familiarice con mi entorno y entre en confianza. Quiero que todo pase como debe pasar, sin forzar nada. Aunque sí puedo darle un toque de sabor a la situación, creando un buen ambiente, una buena conversa, que se sienta segura. Si logras hacer sentir segura a una mujer has hecho un 90% de la tarea, el otro 10 % es ser atrevido. Eso les gusta.
Me ducho lo más rápido posible y me visto en segundos. Necesito mostrar algo de seducción, eso también importa, así que elijo una camisa ceñida al cuerpo que me hace ver bien, seguro a ella también le gustará. Me acerco a ella y la vuelvo a saludar con un beso, me recuesto a su lado y puedo sentir su nerviosismo.
El primer paso es tocar sus manos, siempre funciona, de verdad espero que funcione. Sus manos son suaves, sus dedos largos me gustan;  es tímida todavía, acaricio sus  dedos y sé que lo disfruta tanto como  yo. Poco a poco la timidez pasa a otro plano y  siento que sus dedos me devuelven caricias. Se recuesta a mi lado lo suficiente como para avanzar un poco más y abrazarla, dejo que sus manos acaricien mis brazos, siento que le agrada. Mis manos se hacen amigas de sus mejillas, y no paran de sentir la tibieza de su piel, de su cabello. Siento que debo besarla.
Sé que el beso es inminente, sé que su labios mueren por los míos, que no se negara  a probar de mi boca, esa ilusión que llevamos guardada hoy se harán realidad.
Son los labios más suaves que he probado, siento calor virginal de una chica que apenas quiere pisar la adultez, una niña mujer. Valió la pena cada día que esperé para poder saborear y disfrutar de su piel y sus caricias, esos besos tan calientes descubren la lengua más insaciable y excitante que pueda haber probado. Mis manos juegan con su cintura y terminan perdiéndose en sus caderas, caderas que sólo deseo estrujar. ¡Dios! – pienso – si todo eso se sintió en un primer beso, ¿qué viene después?… esta niña me va a volver loco.
Mientras mi lengua repasa la suya, las cosas no podían ser mejor. ¿Quién entrenó a esta mujer? Ni idea. Quien haya sido, le agradezco todo lo que le enseñó. Definitivamente  me hace feliz y sé que hay más cosas por descubrir… juntos.
- ¿Qué hora es? – pregunta en el ardor de los besos.
- ¡No sé! –  apenas puedo pensar, todavía no me recompongo, miro el celular. – Van a ser las nueve – digo.
- Me tengo que ir – dice fríamente.
- ¿Qué? ¿Te vas? – no puedo creerlo.
- Sí, no puedo llegar tarde a mi casa – responde y recuerdo lo joven que es.
- Está bien – digo resignado.
Hace mucho que no me sentía así, recuerdo haberme burlado de los que hablan de tener mariposas en el estómago, pero ahora yo las estaba padeciendo. Sé que ella también las siente, eso hace más agradable esta magia. Compruebo que no hay edad para el amor.
Camino de la mano con ella, se me  cuelga del hombro, juguetona, mía.  Sonríe y me dice que le gustan mis besos, me sonrojo. Estoy seguro que ella apareció un día en mi vida sabiendo que estas cosas sucederían, como si  hubiera elegido ser y estar en esta historia de antemano. Casi presiento que ella escribe un guión antes de interpretarlo.
Mientras la beso le hago prometer que nos veremos de nuevo. Entre besos y suspiros , escucho al oído: “Te lo prometo”.

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Esta historia llegó gracias a Lencería Luna Nueva.

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Sin plata para el telo

Cuando tienes que arrancar el mes con un presupuesto limitado, nunca vas a separar plata exclusivamente para salir de juerga, ni para sus actividades derivadas. En primer lugar porque uno se siente culpable de hacerlo (“¿cómo voy a presupuestar plata para trago si hace dos meses que le debo esas cien lucas a Juanca?”) y en segundo lugar porque uno nunca sabe –ni con mediana certeza- cuánto necesitas en realidad presupuestar. Hay meses de sequía en los que ninguna flaca en el tono te atraca una segunda chela –con la condición implícita de quedarse contigo– y otros en los que tienes que bajar la situación a dos manos. Ni los chinitos del Cirque du Solei la barajan así. Tú ya sabes, galanazo.

Ahora, eso de no presupuestar plata pasa factura. Y más temprano que tarde. Hace no mucho mis amigos y yo decidimos organizar una de esas noches de solteros en las que la consigna es campeonar sí o sí. Local elegido: una discoteca en la Av. Petit Thouars, a la altura de Lince. Algunos ya habíamos tenido suerte ahí, así que el sitio estaba con buenas vibras. Luego de tentar suerte (y chelas) en falso tres o cuatro veces, una picó. Tal vez no era la muchacha más linda de la cuadra, pero, como diría un gran amigo “por peores he pasado”. Y aparte se notaba muy dispuesta a la situación.

Dos rones y una chela más tarde, estábamos en el taxi camino a un telo en Miraflores frente a la Vía Expresa, uno con nombre de océano. Uno de mis favoritos en el delicado equilibrio de calidad y precio. Sin embargo, al segundo ron yo ya había notado, con precisión contable, que con las justas me iba a alcanzar para el taxi al telo y luego de vuelta a mi casa. Entonces, caballeroso yo, al momento de pagar la carrera le dije a la flaca que no se preocupara (nunca hizo un ademán de preocuparse tampoco, pero vale igual), que la pagaba yo. Incluso le dejé dos lucas de propina al taxista… como bueno.

Pero al llegar a recepción, hice la del libreto. “Flaquita, pucha, no me di cuenta y estoy en cero balas. Pensé que tenía un billete de cien pero era de diez [como Quiñones y Basadre son bien parecidos]. Le di lo último que tenía al taxista. ¿Crees que la puedes cubrir tú?” Con esas me corrí el riesgo de que me diga que ella tampoco tenía y fue, pero me jugué la carta de que si eliges un lugar de precio razonable y la flaca ya está embalada, no le iba a importar pagar ante tal involuntario descuido ¿qué creen que pasó? ¿Has hecho alguna parecida? Es que al final, todos algunas vez, nos encontramos sin plata para el telo.

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Amor prohibido III

Era jueves, casi una semana había pasado desde aquel debacle. El fénix tenía que resucitar de las cenizas. Tenía que lamerme las heridas, había que ser tenaz y, sobretodo, caradura. Un amigo una vez me dijo que el éxito nunca se tiene, solo se finge. Las cosas en la oficina seguían su curso, Lorena, Cecilia, María del Carmen, todas podrían irse al cacho. Bueno, María del Carmen, aun no, primero quería que me de lo mío. El plan había comenzado a funcionar. Como era de esperarse Balladares había regado el chisme por toda la empresa. Los hechos eran irrelevantes, la fantasía es más interesante aun, María del Carmen se me acababa de acercar, tensa, indignada, despechada, tal y como la quería ver, me había dicho que era un sinvergüenza, un canalla mujeriego. Le pregunté por qué, me dijo que no me haga, que bien sabía, le dije que no, que la gente hablaba sin saber, era el momento de dominar otra vez, un giro de capa y la primera estocada estaría puesta, no hagas caso a las habladurías, tu sabes que con quien quiero estar es contigo mujer, le dije. Vi su expresión suavizarse, la vi respirar profundo, casi en suspiro, dudaba. Ya sabes donde encontrarme, le dije misterioso. Le di un abrazo breve y seguí andando por el pasillo, cómodo, campante. Era un día cargado, llegaba el fin de mes, balance de cuentas, reportes por aquí, reuniones por allá. Muy rápidamente me olvidé de ese pequeño encuentro con María del Carmen. Las horas volaron, nadie salió a almorzar, alguien pidió pizzas y gaseosas. Había que chambear a destajo. Más movimiento, más errores que corregir, contabilidad creativa, llegaba la hora de irse a casa, sabía que no podía irme, me quedaban por lo menos tres horas de trabajo. Tiene algo de triste ver la oficina vaciarse, como poco a poco los teléfonos dejan de sonar, las voces se diluyen, las luces se encienden, la concentración aumenta, cuando dieron las nueve solo quedábamos tres compañeros, Rómulo Mendoza, Víctor Chunga y yo. Les dije, muchachos, gracias por el sacrificio, enviemos el reporte y salgamos de este lugar. Se han merecido un trago, yo invito. En la calle el aire era frío, íbamos estirando los músculos, aflojando la modorra de un día entero encerrados. Había una sensación de éxito, de mérito, de orgullo. Fuimos a un bar que se llamaba El Zopilote. Era pequeño y acogedor. El dueño era también el bartender. Se llamaba Erendido y su pasión era el tequila. Tenía una colección inmensa, y era casi ofensivo beber alguna otra bebida en ese lugar. Nos resignamos a la ley y nos pedimos tres copas de un mezcal reposado. Según dijo Erendido, había que beberlo con calma, nada de limón y sal, nada de seco y volteado. Con tranquilidad. El trago hizo rápidamente su efecto. Esa sensación de bienestar que da una copa en mano al final de un día bien aprovechado. Como siempre, de una cosa viene otra. Erendido se había soltado con una anécdota de una amiga suya, una vedette de moda quien venía cada jueves a beberse un tequila con el. Decía que le había cogido gusto durante los años que vivió en México. Aquí entre nos, decía Erendido. A mi se me hace que fue amante de un narco. El que puede puede y el que no aplaude. Dijo Erendido haciendo un mueca medio obscena. Sin decirlo en voz alta se me ocurrió quedarme sentado en ese taburete hasta que la dichosa vedette apareciera. Entre la segunda y la tercera copa vi una llamada perdida en mi celular. Era de María del Carmen. Me pregunté que qué podía ser. Decidí hacerme el difícil y por esta noche ignorarla. Apagué el celular y me puse a escuchar la nueva historia que contaba Erendido. Era acerca de un boxeador que conocía quien hace poco había salido del armario. Mendoza y Chunga reían a carcajadas. De pronto el teléfono de Chunga comenzó a sonar. La melodía era un perreo sórdido. Los demás reímos aun más. Chunga se precipitó a la calle a hablar. Unos minutos más tarde estaba de regreso. Nos vamos muchachos. Anunciaba. Este, como, adonde. Pero vamos a tomarnos otra copita con calma. Intenté comentar. Ni de a vainas. Tenemos mejores planes, dijo Chunga con cara de truco. Me acaba de llamar un pata. Dice que esta de camino al Escarlata, que nos espera ahí. Nos vamos. Dijo tácito. Y eso donde es. Pregunté inocente. Es un bar bien bonito, donde te la vas a pasar muy bien, vamos comparito, yo te guío. Insistió Chunga. Yo lo secundo. Añadió Mendoza. Erendido nos pasó la cuenta al instante. Al despedirse me miró también con cara de truco. Hasta la próxima. Cuídense bien ah. Cogimos un taxi. Al Escarlata jefe. Ocho luquitas muchachos. Dijo el taxista mirando otra vez con cara de truco. Me empezaba a preguntar de qué iba el juego este. Una vez en el lugar no pude detectar nada raro. Gente, bebidas, música. Había chicas muy guapas bebiendo, conversando, había varias parejas bailando, todo en orden. Fui a la barra y me pedí un whisky con coca cola. Una chica me sonreía al otro lado del local. Bebí un primer sorbo y me hice el disimulado. Busqué con la mirada a mis compañeros. Se me habían perdido en el tumulto de la pista de baile. Otra vez volví a cruzar miradas con la misma chica. Me seguía sonriendo. No podía ya hacerme el loco. Le hice un queco que le hizo reír. Me sentí inspirado. Bebí otro sorbo de mi bebida. Esta vez un sorbo largo. La chica se había acercado un poco. Bailaba con una amiga suya a dos metros de donde yo estaba. No me quitaba la mirada de encima. Ahora podía verla de cuerpo entero. Era espectacular. No sé si era el trago o yo pero me vino una sobredosis de confianza. Con seguridad y una sonrisa inquebrantable me acerqué a ella. Bailamos. Le pregunté. Pero por supuesto me dijo riendo con la boca abierta. A mi las risas con boca abierta siempre me han puesto nervioso, aunque no la suya. No sé qué demonios decíamos. Solo sé que tenía acento Colombiano y que se me pegaba muchísimo al bailar. Estaba hipnotizado. Mis palabras parecían importantes, mis movimiento magistrales, mis bromas delirantes, mi voz profunda, mi cuerpo atlético. Bailando con ella me sentí, comporte y en definitiva era un ganador. Hay cosas para las que uno no requiere explicaciones. Mejor está culpar a la buena suerte y embarcarse sin boleto en lo que se presente. Esta no se me iba a escapar. La sujeté de la cintura y me la llevé a pasitos de cumbia al fondo de la pista. Su amiga bailaba con otro hombre. En un descuido me mordió la oreja. Estaba volviéndome loco. La apreté en mis brazos. Intenté buscar sus labios. Ella se giró coqueta. Me  dejó sus tremendas caderas en las manos y la sangre en llamas. Aquí no. Me dijo en un susurro. Cabe decir que los susurros con acento Colombiano cuentan por tres. Salimos del lugar. Me llamó la atención que no se despidiera de su amiga. Pero yo ya estaba en esa fase de la noche en la que el bien justifica todo medio, asi que me dedicaba a no percatarme de nada sospechoso. Nos alejamos un poco caminando. Conozco un lugar por aquí papito. ¿Vienes conmigo? Preguntó haciendo pucherito. Yo la acompañaría al infierno. Me dijo que había que pagar. Yo pensé que no era la primera vez que pagaba un hotel. Hice un conteo imaginario de mi billetera. Vi como cien soles. Basta y sobra. Pensé. No hay problema, vamos bombón. Dije cargado de mi confianza recién adquirida. Cinco minutos después entrábamos de la mano al hotel. No había que pagar de inmediato. En esa casa había estilo, solo bastaba con dejar el DNI. Dijo el recepcionista, portero, bartender, wachiman, recogebola y demás, que nos atendió. El también el me puso cara de truco. Yo estaba resignado y sobretodo concentrado en la mujer que caminada delante de mí. Una vez en la habitación se excusó un momento para ir al baño. Yo comencé a deshacer la cama, cerrar cortinas, encender la televisión, abrir botellas del minibar, creando ambiente según yo. Al cabo de unos minutos salió del baño. Se había quitado la blusa. Venía hacía mi a trote felino. Sujetador de encaje, falda corta, portaligas, tacones, uff. Estaba perplejo, aterrado, incendiado. De un empujón suave me hizo sentar sobre la cama. De un movimiento seco se arrodillo frente a mí. Acariciaba mi pantalón por afuera, lo desabrochaba lentamente, bajaba la cremallera. Se detenía, dejaba su mano cerca, seguía tentándome. Me hablaba con palabras lentas, con carita picara. Antes de seguir papito, me dijo segura, mejor hablemos de negocios ¿Ok?. Pasé un trago de saliva agria. Demoré un poco en comprender. Creo que no quería comprender. Me acordé del conteo imaginario de mi billetera. No me alcanzaba para la transacción. No quería ni saber el precio. No vale la pena contar los detalles. Pagué el hotel y le di el resto a ella. Creo que ni siquiera estaba tan enfadada conmigo. Quisiera creer eso. Fue bochornoso. Felizmente que estaba ebrio. De camino a casa, a pie y misio, volvía a encender mi celular. Había otras tres llamadas perdidas de María del Carmen. También me había dejado un mensaje en la casilla de voz. Estaba iracunda. Me había esperado toda la noche. Sola, bella y totalmente dispuesta en aquel hotel de nuestra primera noche abortada. Todo en vano. Maldita comunicación. Perdí soga y cabra.

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9 señales para saber si tu pareja es infiel

¿No te trata como antes? ¿Actúa de manera sospechosa y se ha distanciado de ti? No hagas caso omiso a tus presentimientos. Si crees que algo está pasando, probablemente así sea, sobre todo si te encuentras en una relación donde siempre existió la confianza. Ante las señales de alerta es mejor abrir bien los ojos y estar atentas. En el mejor de los casos estás en medio de la tormenta de una crisis pasajera, sin embargo, las menos afortunadas, estarán enfrentándose al más temible monstruo de las relaciones: la infidelidad.

A continuación, 9 señales para saber si tu pareja es infiel:

1. Cambio de actitud:
Notas que ya no se comporta como antes, y sin ningún motivo aparente, dejó de ser detallista y de mostrar interés por sorprenderte. Los “te quiero/te amo” son parte del pasado.

2. Evita hablar sobre el futuro:
Las promesas de amor eterno desaparecen, y han sido reemplazadas por frases como: “ya veremos”, “el tiempo dirá”, “no presionemos las cosas” y “dejemos que fluya”.

3. Insiste en que hagas planes con tus amigos:
Antes no podía pasar un fin de semana sin ti, ahora es el más entusiasmado en que salgas con tus amigos, pero, obviamente, él no irá. ¡Qué “considerado”!

4. Apaga su celular mientras está contigo:
“Es que no quiero que nadie nos interrumpa”, dice él. ¿Y antes no le importaba? Ni se te ocurra pedirle que lo encienda, probablemente serás catalogada como la mujer más desconfiada del mundo.

5. Evade tus preguntas:
Se convirtió en el rey de las evasivas y de las respuestas abiertas. “Estaba haciendo cosas” no responde a “¿qué estuviste haciendo toda la tarde que no pudiste ni responder mis llamadas?”.

6. Se contradice todo el tiempo:
La historia de ayer es muy distinta al cuento de hoy. Indagar es inútil, el rey de las evasivas se saldrá con la suya una vez más. Tus instintos detectivescos se activarán de inmediato.

7. Se  preocupa más por su aspecto:
Siempre fuiste criticada por demorarte un poco más en el baño cuando iban a salir. Ahora es él quien le roba más minutos al espejo y, cada tanto, te sorprende con un “¿me ves más gordo?”

8. Nunca tiene tiempo para verte:
¿Cancelando los planes a último minuto? De pronto estás enamorada del hombre más “ocupado” del mundo. “Tengo una reunión urgente”, “mi pata acaba de terminar con su flaca y me necesita”… cualquier excusa es buena y siempre sobran.

9. Su humor cambia cuando le preguntas si te engaña:
Loca, desconfiada, enferma de celos, ¿cómo te atreves a preguntar? Nunca lo viste más ofendido, si te descuidas, logrará que le pidas perdón por tu “imprudencia”.

Si te sientes identificada con alguno (o muchos) de estos síntomas, será mejor que no dejes pasar ninguna pista y te atrevas a enfrentarlo. Demuéstrale que eres más inteligente y “viva” de lo que él cree, que contigo ¡no se juega!

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